Sunday, April 20, 2008

Criar hijos en un hogar de padres no creyentes

En diciembre pasado llegó a mis manos el libro Hijos sin Dios que postula un estilo ateo de vivir y explica, con un lenguaje ameno y epistolar, cómo criar chicos ateos. El libro demuestra que criar hijos sin religión es enseñarles a ser dueños de sus actos, resposables de sus opciones de vida, protagonistas de su destino. Es ayudarlos a disfrutar de la vida que tenemos hoy, yendo más allá de un marco sostenido por la fe incuestionable y una tradición que promueve la repetición y la impostura. Sobre todo esto, escribí la nota: Cómo educar a los hijos sin religión.

Hoy el diario La Nación (Arg.) publica una entrevista con el autor del libro. Alejandro Rozitchner, un reconocido escritor y pensador que participa del diálogo público con originalidad y despreocupación. Que lo disfruten!

Alejandro entra en el bar y un mozo le pregunta: “¿Y? ¿Ya nació?” La sonrisa que se dibuja en la cara de Rozitchner borra el apuro con que se lo vio llegar. “Sí. Ayer”, contesta este licenciado en filosofía de 47 años, autor de catorce libros y padre de Bruno, Andrés y, ahora, también de Félix. El mozo lo felicita con una palmada en la espalda.

Hijos sin Dios es su último libro, escrito junto con Ximena Ianantuoni, su esposa. “Quisimos abordar los problemas que surgen en la crianza cuando los padres son ateos”, dice Rozitchner. “No porque surjan más que en la crianza religiosa, sino porque son problemas distintos acerca de los cuales todavía no se ha pensado demasiado.”

Alejandro Rozitchner es uno de esos pocos pensadores que abandonaron el ámbito universitario y de las aulas, y se dedicaron a “buscarle la vuelta a la cosa”. Es conocido por su estilo franco y, muchas veces, provocador. “Tuve una beca en el Conicet, pero me harté de todo lo académico”, dice. “Entonces abandoné la beca y empecé a hacer cosas interesantes con el pensamiento.” Esas cosas interesantes lo llevaron a dictar talleres, a trabajar como guionista para Antonio Gasalla, a colaborar en varios proyectos con Mario Pergolini, a escribir varios libros -entre ellos Ideas falsas , Malvinas, Amor y país , Argentina impotencia - y, por último, a sistematizar sus ideas acerca de lo que significa criar hijos sin religión.

“La perspectiva atea permite revalorizar la crianza”, dice Rozitchner, “pero, al mismo tiempo, surgen algunos problemas”. Los chicos que crecen en casas ateas les preguntan a sus padres: ¿nosotros qué somos, católicos, judíos, o qué? O cuando una amiguita toma la primera comunión quieren saber por qué ellas no pueden ponerse un vestido así y hacer una fiesta. “Mi mujer y yo estamos convencidos de que esas preguntas, legítimas, importantes, tienen una respuesta religiosa, pero también tienen una respuesta atea.”

Ximena Ianantuoni es psicóloga, trabaja dando apoyo en tratamientos de fertilidad y haciendo consultoría en organización familiar. “Quise escribir el libro con ella porque para mí es una influencia muy fuerte en términos de pensamiento. Nuestro enganche pasa por lo sensual, como toda pareja, pero también por lo intelectual.”

Rozitchner emana una vitalidad poco frecuente. A lo largo de la entrevista se ríe en varias ocasiones de su propia vehemencia y no deja de agradecer a cada una de los conocidos del barrio que interrumpen para preguntarle si el bebe ya nació.

-¿Qué significa, para vos ser ateo?
-Para empezar, ser ateo no quiere decir no creer en Dios. Un ateo no se define en relación con la religión, sino en función de su propia visión del mundo, que no requiere caer en un poder superior para encontrarle sentido a la vida. Para el ateo el sentido no viene dado por una realidad trascendente, sino que tiene sentido de por sí. La vida es avasallante, compleja, maravillosa e incomprensible. Para un ateo, que la vida no pueda comprenderse no quiere decir que haya que apelar a Dios. Hay que entender y aceptar que la vida no es un fenómeno para comprender, sino para experimentar, que es plena en sí misma y no va a dar a ninguna parte.

-¿Desde cuándo sos ateo?
-Desde siempre. Entiendo que haya gente que crea en Dios y que Dios existe como una idea inventada por el hombre, pero yo no fui educado en esa visión del mundo. No necesito la idea de un creador, una realidad trascendente que encierre los valores de todas las cosas.

-¿Nunca sentiste necesidad de creer?
-Para nada. La estructura de mi pensamiento no está basada en la fe. Las personas religiosas me dicen, “pero creerás en algo, aunque no sea en Dios”. Pero yo no creo cosas: quiero cosas, sé que existo, y punto. Me gusta decir que en la frase “yo creo en Dios”, la parte clave no es “dios”, la parte clave es el “yo creo”. Y es que los ateos no tenemos la estructura de la fe para encontrar el sentido de la vida. El sentido está en nuestra sensibilidad misma, en nuestro deseo, en nuestro cuerpo. Y no por eso somos inmorales o poco constructivos socialmente, tal vez justo lo contrario. Respeto a los creyentes, pero quisiera que se respetara de la misma manera a los ateos.

-¿Sin religión, qué postura ética se puede tener ante la vida? ¿En qué se asientan tus valores, si no los consideras trascendentes?
-Creo que el asiento verdadero de los valores es un pacto social: nos ponemos de acuerdo en qué nos parece bueno y qué malo, y hacemos leyes y normas de conducta basándonos en eso. Aun cuando muchas veces se aluda a los valores como si fueran algo trascendente, en realidad fueron fundados por personas que pensaron y sintieron cosas. Es un error pensar que para ser buena persona, o para tener valores, sea necesario creer en Dios. Si no crees en Dios tus valores se fundan en tu pensamiento, en tu deseo, en lo que vos sos, en lo que querés. Y entonces sos una persona mucho más real y verdadera.

-Sin religión, ¿cuál es el sentido de la existencia?
-La clave está en el deseo. La identidad no está dada ni por la historia, ni por el contexto. Está dada por lo que vos querés; eso es lo que te define. Yo soy mi deseo. Por supuesto que en ese deseo está presente mi historia, la historia del hombre, la de mi sociedad. Pero lo más valioso es el nivel de expresión que surge de la estela emotiva personal. La peculiar identidad de cada quien.

-Si alguno de tus hijos te pide tomar la Primera Comunión o hacer el Bar Mitzvá, ¿qué le vas a decir?
-Mi posición no es la de esos que dicen que hay que escuchar todas las campanas para después decidirse por una. Si fuera así, los dejaría probar cosas nocivas para que después decidieran si les hace bien o mal. Como padre, procuraré que no prueben aquello que sé que puede hacerles mal. Y como a mi juicio la religión es un sistema que debilita a las personas, trataré de que mis hijos no vayan por ese camino.

-¿Cuán importante es para vos ser ateo? ¿Podrías haberte enamorado de una mujer que practicara alguna religión?
-No es que yo tenga el dogma de decirme “no te relacionarás con gente religiosa”. Tengo amigos católicos, tengo amigos judíos, y hasta tengo amigos peronistas. Para que veas lo abierto que soy. Quiero decir: está todo bien. No valoro a las personas porque sean ateas o no, pero cuando se arma una pareja es otra cosa. Ahí surgen acuerdos de sentido muy básicos que se dan de manera espontánea. Creo que el amor conlleva una visión del mundo similar y para mí era importante compartir esa visión.

- ¿Te parece que es mejor ser ateo que creyente?
-Sí, pero el libro no fue escrito con la idea de evangelizar ateamente a los creyentes. Cada uno tiene que sentir lo que siente, y eso se debe respetar. Lo que queríamos con el libro era abrir el espacio para que la experiencia del ateísmo fuera más libre entre los chicos y que ellos pudieran decir “soy ateo” y que eso fuera perfectamente asumido en la realidad escolar. El punto máximo sería lograr que la Constitución Nacional acepte que el presidente no tiene por qué tener ninguna religión. Me parece mal que el Estado argentino tenga una religión. Creo que es una falta de respeto para las personas. El Estado no tendría que tener religión.

-¿Cómo les explicás a tus hijos la muerte? ¿Adónde les dirías que van los seres queridos que se mueren?
-A ningún lado. Les diría que ese ser querido ya no está en ninguna parte, que si lo sentimos vivo es porque lo recordamos, porque en nuestro cuerpo persiste la emoción de amarlo y es difícil aceptar que ya no esté en ninguna parte. Les diría que las personas que han muerto dejan en nosotros su huella y mientras esa huella persista ellos no desaparecerán del todo.

-¿Qué ventajas tiene la crianza atea?
-Creo que hace a los niños más sensuales, más libres, más capaces de tomar decisiones y pensar por sí mismos. Una crianza atea significa mucho más que decirle no a Dios. Significa basarse en la experiencia de vivir como creadora de sentido, como suficiente en sí misma. Esto revaloriza la idea de crianza, la despoja de fantasmas. Una crianza atea es pura vitalidad.

-¿Te parece mal que otros eduquen a sus hijos en la religión?
-No, pero podríamos decir que criar hijos dentro de determinada religión es una especie de abuso, así como lo es hacerlo muy rápido socio de un club de fútbol. Es imponerles un modo de pensar aún antes de que ellos sean capaces de hacerlo. A los chicos religiosos les tiran encima un montón de planteos que convocan una cierta sumisión. La religión es un marco de comprensión que impide que las personas busquen su propio sentido de la vida.

-Pero cuando les enseñás tus valores a tus hijos, tus valores ateos, ¿no estás también sometiéndolos a tu modo de pensar?
-Por supuesto. Lo que pasa es que yo no creo que los valores se enseñen diciendo “te voy a enseñar cuáles son mis valores”. Al vivir expresamos nuestros valores aunque no tengamos conciencia de ello. Cada padre expresa sus valores y educa a sus hijos en esos valores y, en ese sentido, está perfecto que los creyentes eduquen a sus hijos en sus creencias. Sin embargo, cuando veo a padres criando a sus hijos de un modo religioso no puedo evitar sentir una especie de escozor. Pero supongo que a ellos les debe de dar escozor que yo deje a mis hijos a la intemperie, bajo el cielo infinito del universo, sin ningún tipo de constricción religiosa.

-En el libro ustedes dicen que “criar hijos ateos quiere decir enseñarles a creer en sí mismos sobre todas las cosas… transmitirles la sensación de que pueden confiar en sus decisiones sólo por el hecho de ser ellos quienes las toman”. ¿No te parece que eso equivale a ponerse a sí mismo por encima de todo lo demás? ¿Hacer del individualismo casi una religión?
-Creo que la palabra “individualismo” es una palabra que describe el fenómeno al cual alude con mala conciencia. Yo celebro el individualismo actual, no me parece censurable. Creo que una de las claves está en la posibilidad de pensar que lo que veníamos llamando “egoísmo” es lo que se empieza a llamar “autoestima”. Y en ese sentido no me parece nada mal que una persona esté muy contenta con las decisiones que toma. No está dicho que esas decisiones vayan en contra del interés social, por el contrario, creo que es muy importante que una persona se dé mucho valor; de esa autoestima surge lo mejor para una sociedad.

-¿La vida no pierde sentido al pensar que no hay nada después?
-No, para nada. Cuando te das cuenta de que no hay nada después, tenés que hacerte cargo de un montón de cosas. Es duro, pero nadie dijo que la vida fuera fácil. La vida es tremenda. Es dura y sensacional. Dura, entre otras cosas, porque nos vamos a morir y no tenemos forma de evitarlo. Todo eso le agrega valor a este asunto que es vivir.

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Por la liberación de los masones, presos políticos, en Cuba

A inicios de la primavera boreal, pero un par de años atrás, me sume a la denuncia sobre la situación de los presos políticos en Cuba, particularmente preocupado por 11 hermanos privados injustamente de su libertad.

En esta semana se conmemora el quinto aniversario de las detenciones de 75 disidentes en la oleada represiva de la primavera de 2003 realizada en Cuba. Cinco años después 55 de aquellos detenidos permanecen en la cárcel, uno falleció y 19 han sido excarcelados por cuestiones de salud, cuatro de ellos viajaron en febrero pasado a España por esta causa.

Esta estadística vale para denunciar la captura y solicitar la liberación de estos presos políticos, incluidos nuestros hermanos, entre ellos, Héctor Masera, quienes en marzo de 2003 junto a otras 64 personas fueron encarcelados por el régimen absolutista de Fidel Castro. Los hermanos son dirigentes y miembros de la disidencia política y pacífica interna, directivos de organismos no gubernamentales y monitoreadores de los Derechos Humanos, líderes sindicales independientes y periodistas alternativos, conocidos como los “Prisioneros de la primavera”.

Injustamente acusados, por el dictador Castro, de servir a una potencia extranjera (EEUU), cometer actos contra la seguridad e integridad territorial y económica de Cuba cuando, en realidad, defienden nuestros derechos a la libertad de pensamiento, opinión y reunión.

Específicamente Héctor Masera fue condenado a veinte años de privación de libertad en un proceso judicial preñado de irregularidades de principio a fin, entre los cuales se puede citar: impedirle mantener una entrevista técnica con su defensor, previa al juicio y no presentarse verdaderas pruebas, sólo declaraciones por la representación fiscal que avaló las absurdas y festinadas acusaciones en su contra.

Aprovechando el nuevo gobierno cubano, los presidentes Zapatero y Bush se suman a la campaña y solicitan la liberación de los presos políticos, según informa hoy el diario español El País.

“Puede tener la seguridad de que España seguirá haciendo todo lo que esté en su mano para lograr la liberación de todos los presos políticos”, dice el mensaje enviado por Zapatero a Laura Pollán, la esposa de Héctor Maseda. La misiva está fechada el pasado 28 de enero, según ha asegurado una fuente de la Embajada española en La Habana.

Por su parte el presidente estadounidense ha asegurado en la carta dirigida a Maseda que “seguiremos apoyando al pueblo cubano para que exija al Gobierno que respete las libertades fundamentales”. Esta misiva también está fechada a finales de enero.

Laura Pollán ha dado a conocer estas cartas como parte de las protestas de las Damas de Blanco en el quinto aniversario de las detenciones de 75 disidentes en la oleada represiva de la primavera de 2003. Cinco años después 55 de aquellos detenidos permanecen en la cárcel, uno falleció y 19 han sido excarcelados por cuestiones de salud, cuatro de ellos viajaron en febrero pasado a España por esta causa.

Vestidas todas de blanco, en señal de que su actitud es pacífica, las familiares de los apresados marcharon el viernes pasado por el centro de La Habana hasta el Ministerio de Justicia y dejaron una carta dirigida al fiscal general, Juan Escalona, en la que piden la libertad de sus parientes.

Cartas íntegras

Desde España
Estimada Señora:
Le agradezco muy sinceramente su carta del pasado 20 de noviembre, así como el ejemplar del último libro que ha escrito su esposo, que ha tenido la cortesía de hacerme llegar. Muchas gracias también por la amable dedicatoria por la que su marido, el Sr. Hector Maseda Gutiérrez, ha querido obsequiarme su obra.
Puede tener la seguridad de que España seguirá haciendo todo lo que esté en su mano para lograr la liberación de todos los presos políticos y de conciencia, incluida de la su esposo.
Deseo también aprovechar la oportunidad para expresarle nuevamente mi admiración de la tenaz labor que realizan las Damas de Blanco, y expresarles el reconocimiento del Gobierno de España por el ejemplo de dignidad y coraje que todas Ustedes realizan.

Agradeciendo de nuevo su carta, reciba un cordial saludo

José Luis Rodríguez ZapateroPresidente del Gobierno de España

Desde Estados Unidos
Estimado señor Maseda Gutiérrez:

Gracias por su considerada nota y por el libro en el que documenta las crueles realidades a las que se enfrentan los presos políticos de Cuba. Admiro su valentía y su determinación para revelar al mundo estas realidades pese al gran riesgo que conlleva. Espero que su testimonio atraiga mayor atención sobre la indiferencia del régimen cubano hacia los derechos humanos básicos. Seguiremos apoyando al pueblo cubano en su petición al gobierno para que respete las libertades fundamentales. Su compromiso con una Cuba libre es una inspiración para todos nosotros. Mis pensamientos y mis oraciones están con usted, con su valiente y dedicada esposa Laura y con los demás miembros de su familia.

Sinceramente, George W. Bush

Desde la prisión
En 2004 Héctor Maseda nos envió esta nota cuyos extractos dice: …Afortunadamente pude recibir noticias de ustedes, mis queridos hermanos, por intermedio de un ángel, nuestro Venerable Hermano José Antonio. Ahora provecharé la ocasión en sentido inverso para hacerles llegar noticias mías. El portador será la misma persona. La foto que ustedes me enviaron, en la que aprecio a muchos Hermanos de vuestro Taller, visitadores de otras Logias y a José Antonio en el centro como honor especial ese delta delta que se encuentra junto a mí, encerrado en esta celda caribeña, permanentemente brindándome fuerza de voluntad, inteligencia, sabiduría y paciencia infinita…La carta completa se encuentra aquí.

La vigencia de la ilustración
La masonería está íntimamente ligada a la historia de Cuba. Se afirma que la independencia del colonialismo español en 1898 fue obra de masones. Cada símbolo nacional -himno, bandera y escudo- fueron concebidos por hijos de la Escuadra y el Compás. Masones fueron Carlos Manuel de Céspedes, considerado el Padre de la Patria; Ignacio Agramonte, Antonio Maceo,José Martí y la inmensa mayoría de los gestores de la república.

Al advenimiento del actual régimen, en 1959, la Masonería era una institución fraternal pujante, entidad inseparable de las clases vivas del país. Treinta y cuatro mil miembros aproximadamente, una universidad, tres asilos, varias escuelas, 340 logias y un majestuoso edificio, la Gran Logia de Cuba constituían su mayor patrimonio.

Aún en los albores del siglo XXI se sigue luchando por los valores de la Ilustración del siglo XVIII. En esta ocación por la libertad, a pesar de que su sentido sea tan antiguo como el hombre mismo

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Mujer y sociedad del conocimiento

Imaginemos que nos creemos lo que decimos a todas horas, en nuestras conversaciones y en nuestros discursos como políticos, como empresarios, como educadores. Nadie discutiría que la nueva era que nos ha tocado vivir se define, sobre todo, como la sociedad del conocimiento. Es el capital humano lo que más importa, por encima del resto de los factores. Por eso el conocimiento se ha convertido en la variable estratégica clave para el éxito en la globalización.

Si lo creyéramos, uno de los paradigmas de la nueva civilización, sería la plena incorporación de la mujer a la generación de riqueza. Sin ella no puede obtenerse el éxito porque estaríamos prescindiendo de, al menos, la mitad de nuestra capacidad total como sociedad. Tampoco el modelo sería sostenible en el tiempo sin que la mujer aportara su función procreadora.

La lucha por la igualdad de derechos que iniciaron las sufragistas y que continúa hoy con medidas de discriminación positiva y con leyes sobre la paridad, tendrá un nuevo enfoque en nuestro debate público sobre el papel de la mujer en el siglo XXI. Esta lucha es el acerbo de un pasado secular que acompañó el desarrollo de la democracia contemporánea y de la sociedad industrial, y que se mantiene hoy por las atávicas resistencias de los neoconservadores que siguen viendo a la mujer con roles subordinados a los hombres.

Hoy la reflexión debería hacerse desde un nuevo enfoque para orientar las políticas públicas, los comportamientos empresariales y la actitud sociocultural del conjunto de la ciudadanía.

El mérito de las mujeres que iniciaron los movimientos por el derecho al voto, seguidos de la plena incorporación al trabajo, el acceso a los estudios, la igualdad de oportunidades profesionales, etcétera, es indiscutible por evidente y anticipatorio del horizonte que hoy contemplamos. Ahora son tan incomprensibles la resistencia a las leyes de paridad como los intentos de retrotraer a las mujeres a papeles que se corresponden con modelos sociales y productivos de otras épocas, para ocultar el atávico deseo de dominio y hegemonía de los hombres.

Parte de la criminalidad salvaje que llamamos violencia de género -creo que de manera impropia- es un rasgo de la supervivencia del machismo como forma de sometimiento de la mujer que le niega su derecho a la autonomía personal significativa. La fuerza bruta se convierte en el “último argumento” de los que han perdido la razón.

He estado y estoy a favor de este esfuerzo por la igualdad de derechos en toda su amplitud. Es evidente que la mayor participación de la mujer en la población activa ocupada es imprescindible para que nuestra sociedad siga avanzando en la convergencia hacia niveles de renta por habitante semejantes a los países más desarrollados. Todo ello está dentro de la lógica histórica que enfrenta a los reaccionarios con los progresistas des -de el nacimiento de las sociedades democráticas contemporáneas, desde los primeros pasos de la sociedad industrial y del Estado-nación.

Pero en la nueva era en la que ya estamos, impulsada por una revolución tecnológica sin precedentes, con economías más abiertas y globalizadas, estamos obligados a cambiar nuestro enfoque en este recorrido histórico. Si llegamos a hacer que se comprenda la nueva realidad, estaremos en el camino de superar el enfrentamiento sobre el papel de la mujer, con su indiscutible derecho a la igualdad, para generar un consenso tan amplio como irresistible sobre la necesidad de su plena incorporación a la sociedad del conocimiento. Las actitudes machistas y neoconservadoras se convertirían en marginales e irrelevantes si conseguimos este cambio cultural.

Cuando he dicho que, al menos, la mitad del conocimiento disponible y potencial está en la mitad de la sociedad que constituyen las mujeres, quería llamar la atención sobre el hecho comprobado de que los expedientes de estudios en todos los niveles de las mujeres son, en medias estadísticas, bastante superiores que los de los hombres. En cualquier forma de evaluar el conocimiento, el rendimiento de las mujeres cuando disfrutan de igualdad de acceso es mayor que su participación porcentual.

Por tanto, si estamos en la sociedad del conocimiento, para tener éxito necesitamos la plena participación de las mujeres, más allá de las discusiones sobre los derechos a la igualdad de género. Ningún responsable político, hombre o mujer, debería desconocer el riesgo de fracaso que comportará para la sociedad a la que sirve prescindir de esa fuente de conocimiento, creatividad e innovación.

De esta manera, en la era que nos ha tocado vivir, las sociedades que por razones ideológicas, étnico-culturales, religiosas o de otro orden menoscaben, subordinen o marginen el papel de la mujer, no sólo estarán vulnerando sus derechos iguales como seres humanos, sino condenando al fracaso al conjunto social de hombres y mujeres.

El desafío no es sólo de éxito en la coyuntura, sino de sostenibilidad del modelo a largo plazo. Esta sostenibilidad depende en gran medida de la pirámide demográfica. Las sociedades que envejecen mucho pierden capacidad e incrementan las cargas que deben soportar, por lo que resulta imprescindible aumentar la natalidad para que la pirámide sea razonable. De nuevo nos encontramos con el papel determinante de la mujer. Imprescindible para el éxito del modelo e insustituible para su sostenibilidad.

Las implicaciones de este enfoque son inmensas y nos obligan a cambiar nuestras percepciones sobre el desafío de la igualdad tal como lo veíamos tradicionalmente. Las variables que explicaban el dominio del hombre sobre la mujer en las sociedades agrarias e incluso industriales, como las relacionadas con la fuerza, han dejado de tener relevancia alguna en la sociedad del conocimiento. La tecnología hace que incluso las máquinas más pesadas no requieran de la fuerza para su uso, sino de la inteligencia y la habilidad, de la formación y el entrenamiento intelectual.

Si esto es así, las políticas públicas para el éxito y la sostenibilidad de nuestros modelos sociales y económicos de desarrollo deben orientarse a garantizar la plena participación de las mujeres en el proceso de creación de riqueza, y exigen una organización del trabajo, una distribución de las tareas, coherente con el objetivo de la natalidad.

En el siglo XXI veremos que el debate sobre la lucha por los derechos a la igualdad de las mujeres abre paso a la consideración de la participación plena de la mujer como variable estratégica fundamental para la realización de la sociedad del conocimiento.

Cómo educar hijos sin religión

Quienes sienten, como yo, que las religiones no son una respuesta a nada y desean que sus hijos adopten un punto de partida cultural adogmático para su relación con el mundo, nos encontramos en una zona social poco comprendida. El desafío de la educación no está en la transmisión de la visión del mundo, sino en mantener las diferencias que se manifiestan en las relaciones humanas.

El camino de la educación adogmática es más auténtico, responsable que la delegación de las responsabilidades morales en un ser divino. La religión no fomenta el valor de hacerse cargo de uno mismo, sino busca descargar la culpa con la expiación de los pecados. Cómo ayudar a los hijos a vivir sus diferencias con los amigos dogmáticos y la influencia de la religión es el desafío a conquistar.

El creyente tiene una estructura vital determinada por la fe; sin embargo, considero que la vida merece ser vivida más allá de cualquier sentido de trascendencia. En el caso de esta nota, en la crianza, lo único que trasciende es el amor que uno puede dar a sus hijos. A los chicos habría que hablarles con verdades, no las teologales, sino las científicas, porque están en un periodo de máxima absorción, como un estado virgen de los sentidos.

Enseñarles a creer en ellos mismos, hacerles consientes de sus limitaciones y motivarlos en confiar en sus decisiones solo por el hecho de ser ellos mismos su propia autoridad, les enseñará que el camino de la vida depende de la decisión de cada uno.

Considero que es posible transmitirles la confianza suficiente para vivir en libertad, sin ataduras dogmáticas, y hacerles sentir la suficiente seguridad para el uso de su propia creatividad en el momento de definir su propia personalidad.

Es más importante reconocer las necesidades de los hijos que la de trasmitirles una miradara tradicional sobre lo que está bien o mal. Recuerde que los hijos aprenden de lo que vivencian de sus padres, más que de lo que se les inculca. Le fe es solo una manera, tal vez la más tradicional de ver el mundo. Pero con seguridad, el camino a una educación sin dogmas es aun más viable y productivo.

Los chicos buscan mucha contención, buscan identificarse. Crecer es ir encontrando identificaciones que nos ayudan a armar un modelo de ser. La configuración religiosa del mundo, aleja a las personas de sí mismas. Una crianza sin dioses es una crianza más comprometida, pues al estar solos estamos con nosotros mismos. No creer en un ser divino da un valor mayor a la vida, justamente al ser la ella finita, la hace maravillosa.

En fin, educarles a los hijos sin religión les liberará para sentir, pensar y buscar su propia felicidad en la tierra, pues la tradición religiosa niega el valor de la vida y vende una trascendental, odiando al mundo tal como lo conocemos.

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“El saber no necesita padres ni curas”

“Benedicto XVI no debe entrar en la Universidad de La Sapienza: es demasiado reaccionario, enemigo de la ciencia y de Galileo Galilei”, indica hoy una nota de La Nación Argentina.

La visita del Papa, pasado mañana, a la famosa Universidad de La Sapienza, el ateneo más antiguo de esta capital, ha desencadenado un revuelo de dimensiones gigantescas en Italia. Después de que más de 60 científicos manifestaron en una carta su rechazo a la visita del Papa, acusado de haber atacado a Galileo, un tenso debate entre laicos y católicos se ha abierto en la Península, donde ayer algunos intelectuales se preguntaban si no era en verdad un “acto de censura”, contrario a la libertad, pedir la anulación de la visita del Santo Padre a la universidad romana, reza la nota de la corresponsal Elisabetta Piqué.
En sintonía con el vade retro de los académicos a Benedicto XVI, que el jueves inaugurará el 705° año académico de La Sapienza, diversos grupos estudiantiles organizaron una “semana anticlerical” de protesta. Se trata de cuatro días de eventos, debates y shows que culminarán pasado mañana con un “asalto sonoro” a la universidad -a través de música dance y house a todo volumen- para molestar la visita de Joseph Ratzinger, un “huésped indeseado”.

Un “evento incongruente”
La “rebelión” antipapal comenzó en noviembre pasado, cuando Marcello Cini, profesor emérito de física de La Sapienza, escribió una carta al rector de esa universidad, Renato Guarini, en contra de la presencia de Benedicto XVI, una “increíble violación de la tradicional autonomía de las universidades”.
A esta misiva se fueron sumando otros 67 docentes, indignados porque el 15 de marzo de 1990 Joseph Ratzinger, siendo aún cardenal, en un discurso que pronunció en la ciudad de Parma hizo suya una afirmación del filósofo Paul Feyerabend que afirmó que “en la época de Galileo la Iglesia fue mucho más fiel a la razón que Galileo, y que el juicio que la Iglesia le hizo a Galileo fue razonable y justo”.
“Se trata de palabras que, en cuanto científicos fieles a la razón y en cuanto docentes que dedican su vida al avance y a la difusión de los conocimientos, nos ofenden y nos humillan”, escribieron los científicos. “En nombre del laicismo de la ciencia y de la cultura, y en el respeto de nuestro ateneo, abierto a docentes y estudiantes de todos los credos e ideologías, auspiciamos que este evento incongruente pueda ser anulado”, agregaron.
Entre los firmantes de la carta se encuentran nombres de importantes científicos, como el físico Andrea Frova, autor de un libro sobre Galileo; Luciano Maiani, presidente del Consejo Nacional de Investigaciones, y los investigadores Carlo Bernardini, Giorgio Parisi y Carlo Cosmelli.

“Nosotros, que hemos dedicado toda nuestra vida a la ciencia, no tenemos ganas de escuchar en nuestra casa una voz que condena de nuevo a Galileo”, denunció Andrea Frova. “Las acusaciones anticientíficas realizadas por el Papa cuando era cardenal las reiteró en su última encíclica: él está convencido de que cuando la verdad científica entra en conflicto con la verdad revelada, la primera debe pararse. Algo así no puede ser aceptado en una comunidad científica”, afirmó Cosmelli.
Galileo Galilei (1564-1642) fue condenado por hereje por la Iglesia en 1632, luego de haber afirmado que la Tierra giraba alrededor del Sol, lo que rompía el dogma de la cosmología católica. En 1992, sin embargo, Juan Pablo II rehabilitó al famoso astrónomo.
Nunca antes, sin embargo, causó tanto revuelo la visita del Papa. La tensión, en efecto, era palpable en la universidad, donde colgaban de las paredes pancartas con leyendas que rezaban “No Pope”; “O con el Papa o con el saber, defendamos a Minerva [diosa del conocimiento] del oscurantismo”; o “El saber no necesita ni padres ni curas”.
En este clima, no sorprende que La Sapienza, que todavía no decidió si suspenderá las clases del jueves, haya puesto a punto fuertes dispositivos de seguridad, como prohibir el ingreso de autos en la ciudad universitaria, un ateneo que, gracias al Papa, estará bajo la lupa de todo el mundo.

La fuerza de la ilustración

El mundo entero admite hoy que la propagación de los principios masónicos durante el siglo XVIII preparó una profunda transformación en todo el mundo, constituyendo las bases sobre las cuales se liberaron los pueblos del mundo y se instala la democracia. Estos principios de fraternidad obrando en la construcción del bien humano, con el objeto de que cada uno de sus miembros se vuelva constructor del edificio social, dio lugar a un vasto movimiento cultural extendido por toda Europa con el nombre de Ilustración.

A lo largo de los siglos XVI y XVII, Europa se encontraba envuelta en guerras de religión. Cuando la situación política se estabilizó tras la Paz de Westfalia y el final de la guerra civil en Inglaterra, existía un ambiente de agitación que tendía a centrar las nociones de fe y misticismo en las revelaciones individuales como la fuente principal de conocimiento y sabiduría. En lugar de esto, la Era de la Razón trató entonces de establecer una filosofía basada en axiomas, como base para el conocimiento y la estabilidad.

Este objetivo alcanzó su madurez con la ética de Baruch Spinoza , que exponía una visión panteística del Universo basada en la idea de que Dios y la Naturaleza eran uno, expresada magníficamente en su ensayo Ética demostrada según el orden geométrico (1677). Esta idea se convirtió en el fundamento para la Ilustración, desde Newton hasta Jefferson.

La Ilustración estaba influenciada en muchos sentidos por las ideas de Pascal, Leibniz, Galileo y otros filósofos del periodo anterior. El pensamiento europeo atravesaba por una ola de cambios, ejemplificados por la filosofía natural de Sir Isaac Newton, un genio matemático y físico brillante. Las ideas de Newton, que combinaba su habilidad de fusionar las pruebas axiomáticas con las observaciones físicas en sistemas coherentes de predicciones verificables, proporcionaron el sentido de la mayor parte de lo que sobrevendría en el siglo posterior, tras la publicación de su Philosophiae Naturalis Principia Mathematica.

Estos precedentes de la Ilustración en Inglaterra, a fines del siglo XVII, fuerzan el movimiento iluminista que se considera francés. Desde Francia, donde madura, se extiende por toda Europa y América y renueva especialmente las ciencias, la filosofía y la política. Sus aportaciones han sido más discutidas en el terreno de las artes y la literatura.

Este movimiento constituyó el nuevo sistema filosófico masónico que propone ilustrar, con la luz de la humana razón, la realidad toda, combatiendo los errores y prejuicios que se atribuían en la Edad Media; sin embargo la idea dogmática de dios no ha muerto.

Diana Cohen Agrest, doctora en filosofía y autora de Inteligencia ética para la vida cotidiana, sostiene, en una nota publicada hoy en el diario La Nación, de Argentina que la expresión “Dios ha muerto”, en el siglo XXI, es una verdad a medias, pues, asegura, asistimos tanto al aparente ocaso de una constelación de valores que sostuvieron durante dos milenios a Occidente como al renacimiento de las religiones que el adagio nietzscheano condenaba al ostracismo.

Lo cierto es que más que una premonición, “Dios ha muerto” es una prueba irrefutable de los laberintos de la historia. Porque una vez que los ideales de la Ilustración invitaron a erradicar, en términos del célebre David Hume, “los males de la superstición”, las religiones –para unos, opio del pueblo; para otros, gracia divina– persisten más vigorosas que nunca.

Y es comprensible que así sea: en la medida en que el hombre se sabe vulnerable ante las fuerzas de la naturaleza y de los otros hombres, la apertura hacia la divinidad es un consuelo para los males presentes, un asilo místico donde la fragilidad de la experiencia humana encuentra un cobijo y donde la promesa de otra vida le otorga sentido a la actual.

Distantes de todo fundamentalismo, los ideales de la Ilustración continúan vigentes en la búsqueda de la libertad de conciencia y de expresión, en el derecho a la seguridad ante la arbitrariedad del poder, en la protección de la esfera privada y en la promoción de la libertad de asociación, cuyo fin es construir una ciudadanía según el modelo de la representación. El modelo de los derechos humanos condensa, a modo de desiderátum, el anhelo de las sociedades imperfectamente democráticas construidas sobre la base del disenso y de la denuncia. Y aun cuando no se hayan abolido la esclavitud o el hambre –porque hay mujeres, hombres y niños esclavos; porque hay mujeres, hombres y niños con hambre–, en esas sociedades se reconoce la índole nefasta de la práctica de la esclavitud y la inequidad de las hambrunas. Y hasta se lucha por su erradicación.

Al fin de cuentas, confrontados a lo que algunos llaman el desencanto del mundo, y a sabiendas de que la realización del proyecto ilustrado lleve más tiempo, le invito a instaurar sus principios, en un ejercicio perpetuo consagrado al respeto de la dignidad humana

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Reseña de “Los hijos de la Luz”

El diario ABC Color publicó la semana pasada, en su suplemento Cultural, una reseña de mi libro Los Hijos de la Luz. La nota periodística está firmada por Delfina Acosta, una de las pocas peridiostas paraguayas que trabaja en ésta área de las reseñas de libros. A continuación la nota completa.

Por mi parte, les facilito el primer capítulo del libro y si desean comprarlo, haga clic aqui. Que disfruten.

Dijo quien sabía, o sea, Sócrates, “Sólo sé que no sé nada”. Sin embargo, esta frase no puede tener más que un momento de cabida en el pensamiento del hombre (animal de costumbre, según algunos, y animal político, según otros), pues las ideas buscan la verdad, o el reconocimiento, por lo menos, de la existencia de un conflicto en el mundo y su posterior solución. Leyendo el libro (muy bueno, ciertamente) de Christian Gadea Saguier, Los hijos de la luz, el lector se halla ante un autor y una obra que van tras la interpretación de la “Iluminación” en los masones.Para Gadea Saguier, la divinidad y la resurrección de Jesús son pura fábula. Por un principio de inteligencia, duda mucho de la confiabilidad de la Biblia.

Partiendo del principio de que Cristo es algo así como un opio de la sociedad, y despojado, por ende, de todo prejuicio religioso, el autor de Los hijos de la luz entra en el terreno de la masonería medieval, la masonería moderna, los herméticos, los caballeros templarios y otras órdenes.

¿Quiénes son los hijos de la luz? Pues hay que leer el libro, señoras y señores, para introducirse en el enorme, vasto mundo de los conocimientos y las doctrinas expuestas en el texto, y acercarse a la verdad sobre los hijos de la luz. Citas y referencias de sitios de Internet, que Gadea Saguier nos propone en las muchas páginas del libro de marras, son de valiosa ayuda para una mejor comprensión del estudio crítico.

LA HORRIBLE PERSECUCIÓN
Con un hábil estilo narrativo, Christian nos cuenta que la Iglesia católica cometió atrocidades. No solamente los masones cayeron en la garras y en las persecuciones de los católicos, sino además los caballeros templarios, que inicialmente fueron llamados los pobres caballeros de Cristo. La orden de los caballeros fue fundada oficialmente en 1118; tenían los caballeros la misión de prestar defensa de los llamados Santos Lugares, que fueron después retornados a los sarracenos, hasta que en 1291, cayó el último bastión cristiano. Buscando una reconquista de los lugares santos, libres del pago de impuestos y debiendo sólo obediencia al Papa, los caballeros templarios, por esas cosas del fanatismo, la envidia y la incompatibilidad de pensamientos, fueron encarcelados y destinados a morir en la hoguera. Llama la atención la fuerza de voluntad y el estoicismo con que estos caballeros defendían sus ideas, o, si quiere, sus misterios, pues en esto de pensar, todo es muy misterioso, finalmente.

EL MAESTRO
He aquí un hecho espeluznante: Un gran maestro, Jacobo de Molay, fue tostado lentamente en la Ile de la Cité, a la sombra de la Catedral de Notre Dame de París.

¿Qué significa Maestro? Maestro le llamaban los apóstoles a Jesús. Maestro es la persona que es práctica en una materia y la maneja con desenvoltura, según el diccionario. Llegar a ser maestro, en la orden de los masones, implica, poco más o menos lo siguiente: saber observar las virtudes que condecoran al ser humano sobre la faz de la Tierra y hacerlas observar.

Jesús era el encargado de cuidar de sus apóstoles y los reprendía cuando los hallaba en falta. La masonería “procura inculcar en sus adeptos el amor a la verdad, el estudio de la moral universal, de las ciencias y de las artes. Tiende a extinguir los odios de raza, los antagonismos de nacionalidad, de opiniones, de creencias e intereses, uniendo a todos los hombres en bien de la humanidad. Impulsa a sus miembros a transformarse en elementos útiles para la sociedad”. Dicho en palabras más simples, la masonería busca, según mi versión, estar al servicio del bien propio y del bien social. Guardar estos conocimientos en tiempos pasados llevó a los masones a vivir en una suerte de clandestinidad.

Hiram, maestro de maestros, fue el masón enviado por el rey de Tiro para dirigir los trabajos del futuro Templo de Jerusalén. Hiram, según el estudio de Christian Gadea Saguier, estuvo muy ligado a la construcción del Templo; fue no sólo el artífice de una obra material, sino además el jefe, caudillo, líder o maestro de la genealogía iluminada de los masones. Murió asesinado Hiram. Así como Jesús fue crucificado. Esto nos habla de que llevar adelante una idea que cause pasiones en los hombres, o más abiertamente, en la humanidad, es motivo de apaleamientos, cepos, crucifixiones, puñaladas, destierros, traiciones, conspiraciones y fama.

Hermes, creador de la doctrina hermética, ha dejado otro legado: “Como arriba es abajo”. O sea: Lo que hay en la tierra tiene una correspondencia celestial.

Jesús, más inteligente que todos y, por eso, adorado en el mundo occidental y también oriental como Hijo de Dios, construyó la idea de la fe al trasladar la verdad en su persona.
“Yo soy el camino, la verdad y la vida…”, dijo, y con esas palabras cargó sobre sus espaldas el universo.

En fin, este libro nos lleva a pensar, como dijo Hamlet, por inspiración de Shakespeare, en estas rotundas frases: “Hay más cosas en el cielo y la tierra de las que tu filosofía cree”.

El libro nos invita a reflexionar, también, sobre la masonería instalada en el siglo que vivimos. ¿Cómo está la masonería en España? Se dice que la Segunda República que derribó al General Franco, fue nada más y nada menos que la fuerza masónica. ¿Tiene, entonces, mucho poder político? Según mi manera de interpretar las ideas y los hechos, sí. ¿Posee la masonería, esa élite cada vez más abierta a cualquier clase de hombres y mujeres, poderes relacionados con riquezas mal habidas? Pues sí.

El autor del libro escribe, ya al final casi del libro, sobre la masonería en el Paraguay. Interesante, es, ciertamente, su versión.

BREVE RESEÑA DEL AUTOR
Christian Gadea Saguier inició sus trabajos e investigaciones en la Masonería en 1996. En mayo de 2005 publicó “El misterio de los Masones”.

Mantiene el blog Los Arquitectos (losarquitectos.blogspot.com) sobre librepensamiento, laicismo, humanismo y diversos aspectos del pensamiento masónico. El sitio recibe más de 10.000 visitas mensuales y se ha constituido en un espacio destacado de Internet. Escribe para revistas masónicas en América Latina y Europa. Es editor y director de la Editorial de la Luz.

Presentación de mi libro “Los Hijos de la Luz”

El pasado miércoles 7 de noviembre, en el auditorio de la Manzana de la Rivera, se presento mi última obra Los Hijos de la Luz. Victorio Suarez, ex presidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay, tuvo a su cargo la presentación del volumen, editado por Editorial de la Luz. A cotinuación las palabras sobre el libro de parte de uno de los intelectuales más importantes del Paraguay.

Uno de los aspectos de menor información en el campo de la investigación histórica en Paraguay se refiere indudablemente a la MASONERÍA y tal vez otras sociedades secretas. De todos modos, hay que decir que si bien se dieron algunos efluvios de trabajos publicados los resultados fueron más bien controvertidos pues nunca faltaron apologistas y detractores en cada rincón. Sin embargo, ya en un anterior trabajo Christian Gadea Saguier ha dado muestras de sobrado valor al detallar importantes aspectos referentes a la institución masónica. En ese sentido, supo expresar su valiosa experiencia personal y conocimiento en la materia.

No ha pasado mucho tiempo para que hoy, nuevamente, Christian Gadea vuelva de manera refulgente con una nueva producción cuyo título lleva LOS HIJOS DE LA LUZ, la identidad de los maestros masones y la lucha del librepensamiento contra el dogmatismo. Sin lugar a dudas el dilatado trabajo sorprenderá a propios y extraños, pues escudriñando de manera sigilosa y depurada transita laberintos y se sumerge en las aguas profundas de la historia para exhibir desde diversos ángulos de calidez semántica un análisis minucioso utilizando interesantes herramientas interpretativas que parten desde la Biblia misma o desde la genealogía del maestro Hirán, con atrapantes secuencias de los antecedentes históricos de la leyenda, acaparada por los refucilos de las antiguas escrituras. En trece capítulos de LOS HIJOS DE LA LUZ, uno puede encontrar los contornos y también los más insospechados ingredientes que forjaron el perfil de una organización antigua que consolidada a través del tiempo el pensamiento y la acción de los grandes maestros, sigue reproduciendo de manera “justa y perfecta” una concepción filosófica y una influencia tan positiva en la amalgama espiritual de la humanidad, sin descuidar ese preponderante papel protagónico en el arte de construir materialmente el universo.

Muchas veces nuestros historiadores se niegan al sometimiento del rigorismo exigido por la investigación histórica hecho que nos priva conocer todo lo que encierran verdaderamente los temas abordados. Sin embargo en LOS HIJOS DE LA LUZ, más que nunca hay abundancia de datos, fuentes, pensamientos, estudios asimilados y, por sobre todo, un manejo bibliográfico verdaderamente gratificante que permanentemente ocupa el escenario para guiar el pulso de nuestro interés hacia otros cauces que ya señalaran importantes tratadistas. Cada capítulo del libro de Christian Gadea encierra una unidad temática que da paso de manera secuencial a los otros eslabones que permanentemente buscan debelar la identidad de los masones y la persistente preocupación de éstos de imponer y ejercer el librepensamiento para la construcción de una sociedad planetaria que se sienta beneficiada por la inteligencia y el entendimiento humano. En ese contexto en la contratapa del libro queda clara la siguiente explicación: “Trata sobre las poderosas sociedades guardianas del misterio de la luz y desmiente las versiones que confunden las ideas liberales, el afán de progreso, el culto al trabajo y la búsqueda del conocimiento, con el culto diabólico del espíritu”.

Sin lugar a dudas, el autor de LOS HIJOS DE LA LUZ, nos ofrece con un lenguaje accesible y preciso, de excelente escritura por cierto, el fruto de una larga investigación que deja en claro la posición concreta de respaldar el ejercicio de las ideas contra el dogmatismo oscurantista para que la civilización sienta en su epidermis el calor de la verdadera luz que se merece. Leer este nuevo libro de Christian es entrar en el resumen, el detalle, la existencia que ha pasado y la resurrección de numerosos hechos y personajes que incansablemente sostuvieron sus premisas en las brumas de las creencias populares, en los mundos ocultos o en la sobrehumana dimensión de héroes y deidades que transmutaron el tiempo. Y no solo es cuestión de rituales o alegorías pasadas en un universo en brumas sino también la búsqueda de la verdad bajo el amparo luminoso de aquel tres veces grande Hermes Trimegisto o el legado templario o la transmisión de la tradición oculta tan magníficamente abordado por nuestro investigador. Tal vez por eso es posible afirmar que con esta obra el autor contribuye acertadamente al esclarecimiento de la acción de la masonería sosteniendo en todo momento los antecedentes concretos de la orden.A pesar de las dificultades que se presentan en esta clase de investigación, donde generalmente las sociedades secretas y la institución masónica, actúan por razones obvias sin dejar rastros escritos, estimo que la mayoría de las existentes y que fueron recogidas por numerosos escritores e investigadores, aparecen en LOS HIJOS DE LA LUZ, hecho que nos lleva a calificar el satisfactoriamente trabajo.

Se habló y se habla mucho de la masonería. Mientras algunos invocan que se trata de una liga de hombres de bien que ejercen la filantropía, otros califican a los masones de tenebrosos conspiradores que no respetan siquiera a Dios el redentor de todo ni a la patria, engendro de judíos y cabalistas. Indudablemente, las conjeturas varían de acuerdo a los defensores y detractores. De lo que no se puede dudar es que la masonería constituyó un instrumento de importancia para la humanidad, especialmente en momentos de despegue hacia el progreso político, social e intelectual. Y así lo hizo como centro de expansión liberal de los grandes pensadores ingleses, tal como planteaba Francis Bacon en su Nueva Atlántida. Pensamiento que también influiría en Francia a través de Montesquieu y Voltaire. Los líderes de la independencia hispanoamericana bebieron también de esas aguas ya sea traída desde Inglaterra o por medio de pensadores franceses y españoles, esto constituye una de las mayores contribuciones de la masonería en la liberación de nuestros países. Aunque, como se sabe, luego del anatema papal de 1735 y las disposiciones del rey de España en 1751 contra la masonería hicieron casi imposible el ingreso de la masonería en América.

Son capítulos verdaderamente esclarecedores los que se refieren al Legado Templario y Las hijas de la luz. Por un lado se detalla el proceso de la orden de los templarios de corte militar y cristiano (fundada en 1118), que si bien fue reconocida oficialmente en 1128 por la Iglesia de Roma, no escapó a la hoguera de ésta. Aspectos resaltantes del nacimiento, auge y persecución de los caballeros templarios nos trae LOS HIJOS DE LA LUZ. En cuanto a las Hijas de la luz, es interesante analizar lo que Christian expone con notable claridad: las líneas de las logias masónicas de Inglaterra y Francia, una más cerrada, la otra más aperturista en cuanto a la participación de la mujer en la orden. Lo atrapante de cada paso que uno va dando con la lectura del libro es la fundamentación histórica de los hechos, cómo aparecen, qué connotaciones guardan y adónde apuntan indefectiblemente. Los elementos explicativos, se detallan y no flotan de manera solitaria en la imaginación, van apareadas con los hechos ocurridos, bajo la luz, generalmente, de los filósofos que iluminaron con sus faros la estructura del pensamiento humano. Nada queda realmente al azar, y desde la Biblia, Hirán, los constructores, las evocativas leyendas, el fluyo informativo, atesorado por una escritura luminosa y precisa, el autor concluye con un análisis y reflexión sobre lo que vivimos y somos hoy. Hecho que demuestra que las cosas del mundo, las creencias, las prácticas y el fervor de construir permanentemente no se disocian del espíritu de la humanidad.

Sin ninguna duda, puedo decir que Christian Gadea como escritor, investigador, librepensador, liberal y masón nos lleva a creer que él se animó a decir, ya lo dijo, sigue diciendo y, por supuesto, seguirá sin callar, metiendo en dedo en la llaga, corriendo los telones o simplemente abriendo las ventanas para que pueda pasar el sol a fin de iluminar la existencia misma en un mundo más complicado cada día y que busca respuestas. LOS HIJOS DE LA LUZ reconforta por su esencia y su alada estructura para explicar el mandil, la piedra bruta, la escuadra, el compás y la piedra pulida que tanto merecemos ALGDGADU.

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¿Quién es el Gran Arquitecto del Universo?

La idea de Dios como un geometra está determina en todas las culturas. En el arte religioso cristiano de la Edad Media se representa con frecuencia la figura del Dios-Creador como geómetra, con un compás en la mano derecha con el que traza o mide el mundo.

Esta expresión era conocida ya en el antiguo Oriente Próximo y se encuentra también, con una forma algo modificada, en una carta de Clemente de Roma a los corintios: “Que el artesano del universo”, escribe, “mantenga en la tierra el número contado de sus elegidos. El nos llevó de las tinieblas a la Luz, de la ignorancia al Conocimiento”. En un himno que data de comienzos del siglo V, la iglesia de Epifanio de Salamina es calificada de “paraíso del Gran Arquitecto”.

Por dos veces por lo menos, el cristianismo presenta a Dios como el constructor por excelencia. Recordemos la visión del profeta Amos: “he aquí que el Señor estaba de pie en un muro, hecho con el nivel y, en su mano, había un nivel. Y el Eterno me dijo: ¿qué estás viendo Amos? Y yo le dije: veo un nivel. Y el Señor dijo: Pondré el nivel en medio de mi pueblo de Israel; no seguiré perdonándolo”.

La historia de Job nos proporciona un segundo pasaje bíblico donde el Dios cristiano afirma que construyó el universo con sus manos; habla con Job y, en una serie de preguntas teñidas de ironía, le muestra la distancia que existe entre Dios y el hombre.

En otra cultura religiosa monoteísta, el arte musulmán español lleva a un punto culminante el arte geométrico. El Corán prohíbe cualquier representación icónica de Alá e identifica la divinidad con “el uno”. Si se observa cualquier diseño geométrico, principalmente en los mosaicos, vemos que la combinación de las simetrías y la composición de movimientos, produce el efecto visual de que ningún motivo es singular ni más importante que los demás. Si Dios no puede ser representado como persona, sí a través de la abstracción geométrica se puede traducir la armonía de la experiencia mística. Desde ese punto de vista, Dios no aparece como geómetra, sino más bien como Geometría pura.

El poeta y dibujante británico William Blake (1757-1827), que también representó a Newton desnudo, pertrechado sólo con un compás frente a la Geometría, dibujó El anciano de los días para acompañar su poema Europa, una profecía (1794). Recupera la imagen del Dios con el compás, o también del Gran Arquitecto, siguiendo la terminología de la Masonería, muy en auge en su época.

El Gran Arquitecto del Universo, expresado habitualmente con el acrónimo GADU, es un símbolo tradicional en la masonería, cuyo contenido, interpretación y relevancia varían según la corriente masónica de que se trate.

Para determinadas corrientes, el GADU representa al Ser Supremo cuya creencia e invocación en la práctica del rito son imprescindibles. Para otras corrientes de la masonería, establecer la condición de la creencia en un Ser Supremo supondría limitar la libertad de conciencia de sus miembros, por lo que no les exigen profesar ningún tipo de creencia.

Los masones, como individuos, somos en todo caso libres de darle el contenido que mejor se ajuste a nuestras creencias. Como todos los símbolos, proporciona un marco, pero su interpretación concreta corresponde a cada cual.

Muchos hermanos consideran el símbolo GADU como Principio Creador, dinámico por excelencia, organizador del Universo, la ley que rige la materia, donde los hombres no pueden percibir nada más que las manifestaciones sensibles; en este caso, el Universo visible, donde él es el Principio conductor y conservador, es la Divinidad en estado de manifestación.Otros lo entienden como el organizador, el ordenador, el geómetra, la fuerza ordenatriz que lucha contra el caos y lo sustituye por la armonía, es decir, como un principio generador de orden.El símbolo del GADU no está unido a ninguna creencia, expresa, por consiguiente, la fe del masón en la total libertad de conciencia. Se sitúa de una forma natural en el cuadro de la iniciación sobre un plano ideal trascendiendo al caos, exaltando los valores espirituales más altos, dando el gusto por lo sagrado y conduciendo el viaje hacia lo invisible

Hay por último masones que, prescindiendo de cualquier enfoque trascendente, identifican al GADU con la sublimación del ideal masónico o que lo interpretan desde una perspectiva panteísta o naturalista.

Para la masonería teísta y deísta, el GADU representa al Ser Supremo, un principio masónico que en esta corriente se considera esencial, por lo que la creencia en él y su invocación en la práctica del rito es imprescindible. En efecto, para algunos, el GADU, y más concretamente su interpretación del mismo, sería la esencia misma que daría sentido (y regularidad) al trabajo y la existencia de la masonería.

Para la masonería liberal o adogmática, exigir el principio de creencia en un Ser Supremo supone establecer un límite a libertad de conciencia de sus miembros que se contradice con los principios masónicos, por lo que ni la creencia en el GADU ni su invocación debe establecerse como norma.

El marco de interpretación empieza a estrecharse desde el momento en que dicha figura, más que un símbolo de explicación, comienza a tornarse en una figura de adoración: “adora al Gran Arquitecto del Universo” o glorificación “A la Gloria del Gran Arquitecto del Universo”. Muchos francmasones consideran que el GADU es a igual a Dios, el creador que determina a su voluntad los planos de la existencia.

Desde posiciones teístas, comienza a atribuirse a este Gran Arquitecto, potencias propias del dios de las religiones monoteístas, así se expresa en algunos ritos “si es así que el Gran Arquitecto te lo premie y si no que te lo demande”, cuya verdad nos ha sido revelada mediante el Libro de la Ley “Sagrada”. Bajo esta concepción, el GADU no es otra cosa que Dios mismo, el verdadero y único Dios que habló a Noe, cualquiera que sea el nombre que le dan las distintas confesiones, Jesús, Jehová o Alá. Se trata aquí de una tolerancia ecuménica, pero siempre dentro del marco del teísmo.

La frase “Dios utiliza siempre procedimientos geométricos”, se atribuye a Platón. Los griegos pensaban que este conocimiento seguro lo proporcionaban las matemáticas, porque según ellos, las relaciones matemáticas jamás cambiaban. Incluso para poder aprender de filosofía había que saber antes matemáticas, esto se deduce del cartel fijado en la entrada del centro intelectual de esa época, la prestigiosa Academia de Platón, el cual decía “Nadie ingrese aquí si ignora la geometría”.

Es precisamente a partir de esta rama de la matemática, cuando Euclides formula los principios de su geometría en el libro Los Elementos, que se comienza a pensar que se había encontrado la verdad absoluta de la creación, las leyes que Dios había inventado para que gobernaran la naturaleza. Transformándose este descubrimiento en una de las piedras angulares del pensamiento humano desde los primeros griegos hasta el siglo XIX.

La geometría original de Euclides tuvo sutiles influencias sobre otras áreas del pensamiento humano. Sirvió de base a toda la composición arquitectónica y artística, a toda la navegación y la astronomía. En el campo de la ciencia subyace en los pilares de la obra de Newton sobre el movimiento y la gravitación. Sus famosos Principia, que aparecieron hace trescientos años, se presentan a un observador cualquiera como un gran tratado de geometría, ya que Newton era un maestro en la aplicación de la geometría a la descripción de la naturaleza. Tal maestría era el sello de un matemático del siglo XVII y XVIII. Había modelos newtonianos de gobierno y de comportamiento humano que apelaban a la certeza de sus matemáticas. Había argumentos de la existencia de Dios basados en la certeza matemática de las leyes geométricas de la naturaleza que Newton había revelado. La geometría proporcionaba a sus estudiosos un sistema de pensamiento que era absolutamente cierto porque empleaba razonamientos lógicos perfectos a partir de premisas que eran enunciados acerca de cómo se veía el mundo.

Puede discernirse el estatus especial que tenía esta geometría a través del tratamiento que le dio Kant en su sistema filosófico durante el siglo XVIII. Su sistema de pensamiento estaba unido a la inevitabilidad de la geometría euclideana. Él la daba como un ejemplo de un conocimiento sintético a priori, es decir, algo que es necesariamente verdadero. Para Kant, esta necesidad emanaba de la naturaleza de los modos humanos de pensamiento. La forma en que estaba construido el cerebro humano aseguraba que debemos encontrar que las verdades de la geometría se cumplen.

El descubrimiento de que la geometría euclideanea no era una verdad única inevitable y absoluta sobre el mundo llegó como una conmoción. Su impacto fue irreversible y de largo alcance. Socavó las ideas absolutas sobre el conocimiento humano en un vasto espectro del pensamiento humano. Aunque los matemáticos se resistieron durante mucho tiempo a su muerte, quienes trataban de derrocar las certezas euclideanas tradicionales se apegaron a ello como una señal de que el relativismo era una regla.

Pero la ciencia ha descubierto que esa regularidad de la naturaleza, manifiesta en la simetría, no es estática. Las causas simétricas pueden producir efectos asimétricos, y esta “ruptura de la simetría” nos permite entender mejor muchas cosas: desde el remolino en espiral de las galaxias o las vibraciones de las estrellas, hasta los ordenamientos de los átomos en un cristal o la forma de los virus, pasando por fenómenos de nuestro entorno cotidiano como las rayas del tigre o las gotas de rocío en una tela de araña. Esta es la idea central que platea el libro Es Dios un geometra, de Ian Stewart y Martin Golubitsky.

Los autores consiguen hacer fácilmente comprensibles temas que figuran entre los más complejos de la ciencia actual, el gen de Dios, utilizando las ilustraciones para explicarlos sin recurrir a las matemáticas. Con esto no se nos ofrece sólo un libro científico “de entretenimiento”, que acumula curiosidades amenas; de lo que se nos cuenta aquí surge una mejor comprensión de la forma en que aparecen pautas regulares en la naturaleza y en la vida.

En conclusión, la cuestión de la calidad de Dios es una cuestión amplia y seria, y si yo intentase tratarla del todo, tendría que retenerlos en este sitio hasta el Día del Juicio, por lo que deben excusarme por tratarla en forma resumida.

El argumento de Dios como geometra es una concepción derivada del antiguo despotismo oriental. Es una concepción indigna de hombres libres. Me uno a Bertrand Russell en el desafío de manternos en pie y mirar al mundo a la cara. Tenemos que hacer de nuestro mundo el mejor posible y dejar las esperanzas de que alguien las haga por nosotros, y si no es tan bueno como deseamos, después de todo será mejor que el que esos otros han hecho en todos los siglos.

Un mundo bueno, necesita conocimiento, bondad y valor. Esto significa, enfrentar la vida con responsabilidad, y enfrentarla éticamente, ya que no podremos culpar a nadie de lo resultados obtenidos. En vez de esperar del Gran Arquitecto, debemos ser el Arquitecto de nuestro propio destino, asumir la totalidad de la responsabilidad, donde el otro es un elemento cuya funcionalidad dependerá de mi propio análisis y donde yo seré el responsable de dicha interacción.

En cuanto a la fuerza que ejerce la sociedad, ya sea a través de sus instituciones o de las personas, seguirá siendo el desafío que nos de más fuerza para orientar nuestra conducta y superar dicha influencia.

Ser Arquitecto de nuestro propio destino debería significar el prepararse para el dominio de si mismo y del desarrollo de la fuerza necesaria para manejarse acertadamente en sociedad. Recuerda que independiente a la creencia o no de un Gran Arquitecto del Universo, existe un rincón del universo que con toda seguiridad puedes mejorar; y eres tú mismo.

La herejía de los Templarios, el librepensamiento

Esta semana los diarios del mundo se hicieron eco de la publicación del libro Processus contra Templarios que recoge los documentos, hasta ahora desconocidos por el público, del proceso seguido en el siglo XIV contra la entonces influyente Orden del Temple.

La obra, de 300 páginas, en una edición limitada de 800 ejemplares es el tercer volumen de la serie Exemplaria Praetiosa, –las colecciones más significativas del Archivo Secreto Vaticano– realizada en colaboración con la editorial Scrinium.

El libro recoge facsímiles de los pergaminos originales, las actas del proceso a los Templarios (28 de junio 1308-1311) custodiadas en el Archivo Secreto Vaticano; mientras en otro volumen se presenta por primera vez en edición crítica la trascripción de esas actas.

El volumen cuenta con una edición facsímil del pergamino de Chinon, que recoge la absolución del papa a los caballeros, en agosto de 1308. Debido a un error de catalogación, se consideraba perdido hasta que la investigadora italiana Barbara Frale lo encontró entres los miles de estantes de la Biblioteca y Archivos secretos del Vaticano en 2001.

La nueva edición se reproduce en pergamino sintético y cuenta con una copia del sello papal lacrado y un comentario erudito, y se presenta en una caja de cuero blando. El original mide medio metro de ancho y dos metros de largo. Cada ejemplar cuesta unos 5.900 euros. Ya se han reservas solicitudes de bibliotecas y coleccionistas de todo el mundo, según ha señalado a la BBC Rosy Fontana, portavoz de Scrinium, la editorial que gestiona las ventas.

Auge y caída del Temple

Fundada al calor de la I Cruzada, la orden del Temple fue el primer intento de establecer una entidad que incorporara tanto el factor monástico con el militar en su vocación espiritual. De ahí que recibiera el apoyo entusiasta de san Bernardo y que no pocos reyes incluidos monarcas de los reinos españoles la miraran con agrado y la favorecieran. Los templarios se convirtieron en un ejército eficacísimo en la lucha contra el Islam al igual que sucedería poco después con los Hospitalarios. Sin embargo, a diferencia de éstos que se ocupaban de enfermos, necesitados y heridos, no contaron con ningún énfasis en cuestiones relacionadas con el ejercicio de la caridad y no tardaron en entregarse a funciones de carácter bancario que casaban mal con su vocación de monjes soldados. Por si fuera poco, algunos de los caballeros templarios no tardaron en sentirse atraídos por corrientes gnósticas orientales manteniendo unas relaciones sospechosamente cordiales con grupos como la secta musulmana de los hashishim o asesinos. En qué medida esta suma de elementos inficionó a la orden es difícil de establecer.

Que perdió buena parte de su carga espiritual primigenia y que no pocas veces funcionó más como una entidad crediticia que espiritual es innegable. Cuestión aparte es que, efectivamente, fuera culpable de los cargos formulados contra ella en el proceso orquestado por Felipe el Hermoso. De hecho, cuando la orden fue disuelta y se procedió a juzgar a sus caballeros en otras partes del mundo por regla general obtuvieron sentencias absolutorias. En España, por ejemplo, ninguno de los monarcas se opuso al proceso y, por el contrario, se permitió que los legados papales lo llevaran a cabo sin interferencias. El resultado fue que no se dictó una sola condena en el ámbito de Castilla, Navarra, Portugal o Aragón. Incluso puede añadirse que aunque los templarios tenían la posibilidad de cobrar una pensión procedente de los fondos de la disuelta orden y retirarse, prefirieron integrarse en su mayoría en otras órdenes militares, lo que no sólo no chocó con objeciones sino que recibió un inmenso apoyo.

Aún más. Cuando antiguos templarios dieron origen a nuevas órdenes como la de Montesa la iniciativa fue acogida favorablemente tanto por las autoridades eclesiásticas como por las civiles. En términos generales, por lo tanto, la orden del Temple no se había visto contaminada por los hechos que se le imputaban y así se entendió en la época. En términos generales porque excepciones de enorme relevancia las hubo. Por ejemplo, un grupo de templarios franceses marchó a Escocia donde Roberto el Bruce se enfrentaba con los ingleses un episodio reflejado en parte por la película Braveheart y se puso a su servicio. El rey Roberto los acogió entusiasmado no en vano eran magníficos guerreros y quizá incluso llevaban consigo fondos salvados del expolio de la orden y los utilizó para vencer militarmente a los ingleses y conservar la independencia de Escocia.

La orden había cobrado una fuerza inusitada. Acumulaba riqueza y propiedades en Europa y Oriente Próximo e incluso puso en marcha un sistema bancario internacional a través del que financiaron la guerra de algunos monarcas. Con el fin de las Cruzadas, su poder y secretismo levantaron sospechas entre las potencias europeas.

Uno de los que recelaban más era Felipe IV. Los historiadores consideran que tenía deudas económicas con la orden y que lanzó las acusaciones de herejía con la intención de arrebatarles sus riquezas. En 1307, Roma abrió una investigación contra los Templarios para esclarecer qué había de cierto en aquel escándalo.

La investigación concluyó cinco años después que los Templarios no eran culpables de herejía, sino de delitos menores contra la ley de la Iglesia. De hecho, el papa Clemente V absolvió a la orden en 1308 y pensó reformarla.

Cargos dirigidos contra los Templarios
Una de las principales acusaciones contra los caballeros era la de que practicaban ritos de iniciación blasfemos que incluían escupir sobre la cruz. Las actas revelan, según la historiadora, que los caballeros incluían estos actos en su entrenamiento militar como un recurso de defensa en caso de ser capturados por los ejércitos musulmanes.

Otras acusaciones habituales contra los Templarios fueron la de desobedecer a la curia Romana, aproximarse al Islam y a la herejía cátara, practicar la sodomía y abogar por un reino teocrático en Europa, encarnado en un monarca que concentraría el poder celestial y el temporal. Tampoco se vio con buenos ojos que se rodearan del aura de ser los conservadores del Santo Grial. Esta faceta de los caballeros ha servido de base para numerosas leyendas y obras de ficción, como el best-seller El código Da Vinci, de Dan Brown, o las novelas de Peter Berling acerca de los herederos de linaje de Jesucristo.

Para empezar, fueron relativamente pocos los templarios ejecutados, aunque los sometieron a tormentos insoportables para que confesasen. No muchos ardieron en la hoguera, aunque no deje de causar impresión que todo un Gran Maestro como Jacobo de Molay fuese tostado lento en la Île de la Citê, a la sombra de la catedral de Notre Dame de París. Pero hubo más miles de templarios y solo quienes se negaron a confesar o se retractaron de sus confesiones murieron. Sin embargo, ¿qué validez podría atribuirse a unos testimonios arrancados mediante hierros al rojo y cepos? ¿Y qué pretendían que confesaran?

El crimen más grave que confesaron los caballeros fue la supuesta adoración de una estatuilla. En el capítulo se veneraba a un “Bafometo”, un símbolo. Dependiendo de la inspiración que proporcionaba la tortura de aquellos desdichados, podría tratarse de una cabeza de piedra o madera, con o sin barba, unas veces tenía pie, otras no. ¿De dónde se originaban estas patrañas? En el estricto secreto con que se reunía el capítulo, por ejemplo: en un principio, tal vez por motivos militares, pues se tenía un cuidado especial para que nadie sin autorización tuviese acceso a las sesiones. Este secretismo debió dar pie a toda suerte de oscuras supersticiones, que, como es natural, los enemigos de la Orden no tardarían en aprovechar.

La negación de la divinidad de Jesús y la acusación de escupir a la cruz formaban parte de los crímenes que más a menudo declaraban. Todas las demás acusaciones, como despilfarro de los bienes de la Orden, una cierta falta de escrúpulos en los negocios, mantenimiento en secreto de la regla, atribución de funciones propias de sacerdotes, resultaban ser exageraciones.

Viendo así, con el beneficio de la perspectiva que otorga el tiempo, lo que consta acerca de las confesiones de los Templarios no carece de imaginación. Todo aquello parece absurdo en relación a la idea de que eran devotos caballeros de Cristo y defensores del ideal cristiano; cuanto más los torturaban, más resaltaba esa divergencia.

Baphomet, ni ídolo, ni dios. Símbolo
En cualquier caso, el círculo interior de la Orden no escatimó esfuerzos en proteger sus conocimientos secretos. Un prestigioso especialista en estudios bíblicos, Hugo Schonfield, ha demostrado que los Templarios utilizaron el sistema de codificación llamado cifra Atbash.

Con independencia de lo que pueda significar, el hecho por sí solo revela que el interés de este círculo interno por guardar sus secretos era tan grande que recurrieron a los métodos más ingeniosos. Schonfield explica cómo al aplicar el código al nombre del misterioso ídolo de cabeza cortada, idolatrado por los Templarios, el Baphomet, resulta la palabra griega Sophia. Como ha escrito Graham Hancock en The Sign and The Seal, “significa sabiduría, nada más”, y este pleno sentido aporta un matiz muy diferente a toda la raison d’éter de los Templarios.

A simple vista, Baphomet parece el símbolo de un monstruo. Se encuentra de pie sobre un altar, posee cornamenta, senos de mujer y las partes sexuales de un hombre. A veces tiene la barba de un hombre, la melena, las garras de un león, las alas de un águila y las pezuñas de un toro. En el Tarot, esta imagen es asociada en un primer momento a toda clase de calamidades y se transforma en una figura monstruosa y aborrecible, más cuando a esta imagen se le otorga el nombre de “Lucifer”.

Entre los israelitas se había prohibido dar a las concepciones divinas un cuerpo de naturaleza humana o animal. Ante esto, solo se podían esculpir figuras jerárquicas como son los querubines, y otorgarles formas mixtas, es decir, cuerpos de animales con cabezas humanas, de águilas o de leones. Estas figuras no iban en contra de la creencia del pueblo israelita en Yahvé, ya que estos híbridos —que ante nuestra concepción pueden parecer monstruosos— eran concepciones increadas de la divinidad misma. Los israelitas no adoraban al toro. Adoraban la representación de un pensamiento, el cual no tenía ningún parecido a los seres creados.

El toro, el perro, el águila, el macho cabrío y el león son símbolos herméticos que han permanecido en la intimidad de la tradición de Egipto y de la India. El toro, en alquimia, simboliza la tierra o la sal de los filósofos que debe licuarse y ascender en la evaporación en el proceso de la sublimación —no en vano es asociado muchas veces con el alma—. El perro es el mercurio de los sabios o el fluido que resulta de la combinación del aire y el agua. El águila es símbolo del proceso de la purificación alquímica. Representa las nueve fases del opus, la fijación de lo volátil y la volatilización de lo fijo, es decir, el equilibrio, la purificación de los elementos mediante el fuego y la elevación de la naturaleza instintiva humana. El macho cabrío representa el fuego y es el símbolo de la generación. El león —del cual el Baphomet posee las garras y la melena— simboliza tanto el sol como el oro, cuando es rojo. También simboliza la sutilización de lo denso en el Solve et Coagula o la purificación del espíritu en oro.

La figura del Baphomet además tiene otras características. En su cabeza posee una cornamenta doble y en medio de ellas arde una antorcha de fuego dirigida a las alturas.

El nombre mismo de “cuerno” se encuentra vinculado a la raíz indoeuropea KRN, que significa “corona”, que es otra expresión simbólica de esta misma idea, pues esas dos palabras —en latín cornu y corona— están muy próximas entre sí. Es demasiado evidente que la corona es la insignia del poder y es la señal de una jerarquía elevada. Por otra parte, encontramos una primera relación con los cuernos en el hecho de que estos también están situados en la cabeza, lo cual da bien la idea de una elevación.

La corona era primitivamente un aro cornado de puntas en forma de rayos; y los cuernos, análogamente, se consideran como figuración de los rayos luminosos. Está claro, por lo demás, que los cuernos pueden asimilarse a armas, incluso en el sentido más literal, y también así ha podido vinculárseles una idea de fuerza o potencia, como, de hecho, ha sido siempre y en todas partes. Por otro lado, los rayos luminosos son adecuados como atributo de la potencia, ya sea, según los casos, sacerdotal o real, es decir, espiritual o temporal, pues la designan como una emanación o una delegación de la fuente u origen.

Como sabemos, el fuego es un símbolo esotérico y místico muy antiguo. Dentro de su significado todas las tradiciones, ya sean griegas, romanas, indias, celtas, germanas, escandinavas, indoeuropeas, concuerdan en un punto: el fuego es el vehículo de la unión con la divinidad. El fuego es el símbolo del alma en perpetua sed de reintegración, es la síntesis de las transformaciones de los otros tres elementos —tierra, agua y aire—. El fuego se relaciona con el corazón, y también se identifica con el Sol, el vehículo de la luz que es propiamente el símbolo del alma. Es ahora fácil saber cuál es la verdad tras el mito del sabath, de las brujas de la Edad Media, un rito en torno al fuego. Sin duda, se trata de monstruosidades que fácilmente entran en la mente de la ignorancia y la mala interpretación.

La antorcha del Baphomet que resplandece entre sus cuernos es la dimensión instintiva del ser humano, elevada por encima de la materialidad. Extiende sus brazos, uno hacia lo alto y el otro hacia abajo. En ambos casos, sus manos realizan el signo esotérico universal. Ante su brazo en alto aparece una luna blanca y ante su brazo bajo, una luna negra. Este signo es el símbolo de la armonía de los contrarios, del equilibrio entre la dualidad, entre el masculino-femenino, el principio activo-pasivo, etc. Finalmente, nos recuerda que nos encontramos en este mundo con el fin de sintetizar en el ternario el equilibrio de los opuestos de la vida. Este símbolo también se corrobora en torno a las serpientes que rodean el caduceo. En ello debe verse una alusión a dos fuerzas o corrientes inversas que están respectivamente relacionadas con los dos polos. Estos polos representan una fuerza doble y opuesta en apariencia, pero que en realidad son una sola en su punto de emanación. Finalmente, lo aparentemente opuesto es uno en su punto de origen.

Baphomet en los Templarios
En algunos artículos relacionados con las acusaciones a los Templarios por parte del papado, podemos observar que se hace referencia a un culto ligado a una cabeza humana. En algunas iconografías se observan cabezas con tres caras o una sola. Estas eran fabricadas de madera o de metal y muestran rostros de aspecto bondadoso o malvado y de diferentes colores, barbudos o lampiños.

La cabeza de triple rostro formaba parte de un complejo sistema de iniciaciones practicado por los Templarios, iniciaciones que denotan un amplio conocimiento de la cábala hebrea.

Para los Templarios, la cabeza poseía una gran importancia como símbolo de la regeneración iniciática, el sacrificio —que recordemos, es una palabra que tiene su raíz en el latín Sacrum Facere, que significa hacer sagrado, o bien hacer pasar un objeto o símbolo al plano divino, lo cual implica una elevación—. Por lo anterior, hablamos de una cabeza que simboliza la comunión humana con la divinidad. Finalmente y desde tiempos inmemoriales, la tradición primordial vinculada al simbolismo de la cabeza se encuentra íntimamente relacionada con la inmortalidad, el corazón, el receptáculo, el caldero o el Santo Grial.

La cabeza es el receptáculo de una energía para muchos misteriosa, ya que de ella emana la luz, el aura o la conocida aureola. Este símbolo implica la vinculación del ser humano con la divinidad y al mismo tiempo establece una cadena de unión indisoluble entre el mundo visible y el mundo invisible.

El Baphomet simboliza la cabeza del anciano o la sabiduría, el chokmak hebreo. La cábala lo identifica con el Adán kadmon u hombre celestial. Es el anciano que está constituido por tres cabezas, que son en realidad una sola y que tiene el atributo de la sabiduría. La cabeza de anciano es triple y alude a la perfección del ternario y al significado de las tres letras madres del alfabeto hebreo. Estas letras son el fundamento de la cábala YHV, las cuales se entrelazan en la palabra YAHVÉ, y nos hace pensar que los Templarios tenían dominio sobre la sabiduría de la cábala. Así, Baphomet no era un dios ni un ídolo, era un símbolo.

La figura del sabio se identifica con “El Ermitaño” del Tarot, el cual nos enseña sobre la necesidad de ocultar la búsqueda interior, ya que es en la prudencia donde se revelan los misterios y las experiencias místicas. No sin razón, muchas veces se denomina al ermitaño como “La lámpara velada”.

He aquí la esfinge del terror de la Edad Media, la imagen monstruosa que la Inquisición más temía y por la cual encendió hogueras de inocentes por toda europea y América. Aquí esta el Satán que no existe más que en la ignorancia de los hombres, el símbolo de la estrella de Salomón dividida en dos triángulos y que se transformó en la más absurda de las supersticiones, cuando en realidad solo representaba la dualidad y la reintegración

AbuseEstadisticaVírgenes negrasVínicolaTintosCrianzas CrianzaReservaVendimiaBarandaPintas BotellaBotellasVitivinicolaVitivinicolasPlagasVadebacusBarrica BarricasRacimoRacimosPolvosQuesosRiojasMedina del CampoCatador TabernasGarnachasCorcho

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La cultura es lo que importa

¿De dónde vienen las reglas morales? De la razón, afirman algunos filósofos. De Dios, aseguran los creyentes. Rara vez se considera otra fuente como la que hoy defienden algunos biólogos: la evolución.

Una mirada a la selección natural y a la supervivencia de los más fuertes sólo parece confirmar los valores más egoístas. Pero para los animales que viven agrupados el egoísmo debe ser limitado o no habría ventaja en vivir en sociedad. ¿Puede la conducta desarrollada por los animales que viven en sociedad ser el fundamento de donde partió la moralidad humana?

En el libro Hipótesis de la felicidad , Jonathan Haidt, psicólogo moral de la Universidad de Virginia, construye una visión amplia de la moralidad donde rastrea su conexión tanto con la religión como con la política.

Haidt comenzó investigando la emoción de la aversión. Al probar las reacciones de la gente ante situaciones como la de una familia hambrienta que cocinó y comió a su perro luego de que éste hubiera muerto en una ruta, exploró el fenómeno en que la gente siente fuertemente que algo está mal pero cuyo porqué no puede explicar.

Este fenómeno lo llevó a ver a la moralidad conducida por dos sistemas mentales separados. Un sistema antiguo, que él llama intuición moral, se basa en las conductas con carga emotiva que se desarrollaron antes que el lenguaje. Un sistema moderno, que llama juicio moral, llegó después del lenguaje, cuando la gente pudo expresar por qué algo estaba bien o mal.

Las respuestas emocionales de la intuición moral ocurren de manera instantánea; son primitivas reacciones viscerales que evolucionaron para desarrollar decisiones intempestivas que ayudan a la supervivencia en un mundo peligroso. El juicio moral, por otro lado, llega más tarde, cuando la mente consciente desarrolla una racionalización para la decisión que llegó a través de la intuición moral, escribe Haidt.

La racionalización la educación
Jorge Werthein, es director de la Unesco en Brasil escribió esta semana para el diario argetnino La Nación, un artículo que coloca a la educación como valor supremo para el progreso humano.

“Hay que votar por la educación porque de esa manera se estará votando simultáneamente por el desarrollo sostenible y por la producción de más conocimientos: en la tarea pedagógica, en el ámbito de las ciencias, en la preservación del medio ambiente, en el control del sida, en la salud, en la creación de empleos, en la disminución de la muerte y violencia, en la seguridad, en los derechos humanos y en la construcción de una democracia plena.

También elegirán la educación los miles de padres y madres, los integrantes de las ONG socioeducativas, el gran número de empresarios que defienden la mejoría de la calidad de la enseñanza, los ministros provinciales de Educación, el titular de la cartera educativa nacional y sus colaboradores. Serán millones de votos.

Hay que votar por la educación porque sólo a través de ella se logra la verdadera inclusión social de la que tanto se habla. Otras áreas pueden prometer lo mismo, pero difícilmente consigan cumplirlo, por lo menos no con la misma eficiencia y estabilidad.

Hay que votar por la educación porque ella representa la inversión con más alto índice de retorno. Cada centavo invertido en la educación, y bien gestionado, representa millones de pesos en desarrollo y en ahorro y porque sustenta a otras áreas como las artes, la industria y el comercio. Con educación, la sociedad avanza como un todo.

Hay que votar por la educación porque sin ella no existirá el desarrollo científico y tecnológico. El conocimiento que ella proporciona fortalece y enriquece la democracia. La verdad es que no puede haber democracia sin educación de calidad para todos, a lo largo de toda la vida. Por el contrario, hay exclusión social en sus diversas formas.

Hay que votar por la educación porque es una de las principales salidas para disminuir las alarmantes disparidades internas, regionales y mundiales. Con recursos adecuados, con un eficiente sistema de gestión y con una política de discriminación positiva, la educación puede reducir –y, en el largo plazo, eliminar– la brecha interregional y las propias diferencias intrarregionales, que transforman a compatriotas en extranjeros en su propio país. La educación universal y de calidad puede garantizar igualdad de oportunidades para todos”.
La educación nos trae libertad
Mario Vargas Llosa escribió hace par de semanas una nota para el El País, de España, donde presenta un caso del gobierno autónomo de Cataluña, donde ha obligado a un colegio público de Gerona a admitir a Shaima, una niña marroquí de ocho años, que desde hacía una semana faltaba a clases porque las autoridades del plantel le habían prohibido el ingreso mientras llevara el hiyab o velo islámico. El director fundó la prohibición en el reglamento del colegio, que rechaza en el atuendo de los alumnos “cualquier elemento que pueda causar discriminación”. Por su parte, la Generalitat considera que “el derecho a la escolarización” debe prevalecer sobre las normas internas de los centros educativos.

A diferencia de lo que ocurre en países como Francia o el Reino Unido, donde hay leyes sobre el uso del velo islámico en las escuelas públicas, en España no existe legislación al respecto y hasta ahora el permiso o la prohibición de llevarlo estaba librado al criterio de los propios centros de enseñanza. Lo ocurrido con la niña marroquí establece un precedente que, de prevalecer y extenderse, abriría las puertas de la instrucción pública al llamado multiculturalismo o comunitarismo. A mi juicio, semejante perspectiva es sumamente riesgosa para el futuro de la cultura de la libertad en España.

A primera vista, semejante afirmación parecerá a algunos exagerada o apocalíptica. ¿Qué puede tener de malo que una pobre criatura, acostumbrada por la religión y las costumbres de su familia a tocarse con el hiyab lo siga haciendo en las aulas escolares? ¿No sería una crueldad obligarla a destocarse y lucir los cabellos a sabiendas de que, para sus creencias y usos comunitarios, tal cosa sería tan traumático como para las niñas cristianas exigirles mostrar el busto o las nalgas? De allí a considerar que prohibir el velo islámico a las niñas en los colegios públicos es prejuicio antimusulmán o etnocentrismo colonialista y racista hay sólo un paso cortito.

Sin embargo, no es tan sencillo. El velo islámico no es un simple velo que una niña de ocho años decide libremente ponerse en la cabeza porque le gusta o le es más cómodo tener los cabellos ocultos que expuestos. Es el símbolo de una religión en la que la discriminación de la mujer es todavía, por desgracia, más fuerte que en ninguna otra –en todas ellas, incluso las más avanzadas, se discrimina aún a las mujeres–, una tara tradicional de la humanidad de la que la cultura democrática ha conseguido librarnos en gran parte, aunque no del todo, gracias a un largo proceso de luchas políticas, ideológicas e institucionales que fueron cambiando la mentalidad, las costumbres y dictando leyes destinadas a frenarla. Una de esas grandes conquistas es el laicismo, uno de los pilares sobre los que se asienta la democracia. El Estado laico no está contra la religión. Por el contrario, garantiza el derecho de todos los ciudadanos de creer y practicar su religión sin interferencias, siempre y cuando esas prácticas no infrinjan las leyes que garantizan la libertad, la igualdad y demás derechos humanos que son la razón de ser del Estado de Derecho.

Los colegios públicos de un Estado laico no pueden ser confesionales, porque si lo fueran y privilegiaran a una religión sobre otras, o sobre los no creyentes, ejercerían una discriminación inaceptable en una sociedad de veras libre. En ésta la religión no desaparece, se confina en el ámbito privado, fuera de las escuelas y las instituciones públicas. Los creyentes pueden constituir escuelas privadas de carácter confesional, desde luego, o impartir en las iglesias o en el seno de las familias todas las doctrinas y creencias en las que quieren educar a sus hijos. Pero la religión no puede invadir el dominio público sin que principios básicos de la cultura democrática, sobre todo la igualdad y la libertad de los ciudadanos, se resquebrajen y se establezcan privilegios y jerarquías abusivas.

El velo islámico en las escuelas públicas es una cabecera de playa con la que los enemigos del laicismo, de la igualdad entre el hombre y la mujer, de la libertad religiosa y de los derechos humanos, pretenden alcanzar espacios de extraterritorialidad legal y moral en el seno de las democracias, algo que, si éstas lo admiten, podría conducirlas al suicidio. Porque con el mismo argumento con que se pretende que el hiyab sea admitido en las escuelas se puede exigir, como han hecho y conseguido los islamistas en algunas ciudades de Europa, que haya piscinas municipales separadas para hombres y mujeres pues para las hembras musulmanas resulta impúdico compartirlas con los varones.

Y, si se trata de respetar todas las culturas y las costumbres, ¿por qué la democracia no admitiría también los matrimonios negociados por los padres y, en última instancia, hasta la ablación del clítoris de las niñas que practican tantos millones de creyentes en el Africa y otros lugares del mundo?

El multiculturalismo parte de un supuesto falso, que hay que rechazar sin equívocos: que todas las culturas, por el simple hecho de existir, son equivalentes y respetables. No es verdad. Hay algunas culturas más evolucionadas y modernas que otras y, aunque es verdad que aun en las culturas más primitivas existen prácticas, usos y creencias que han enriquecido la experiencia humana y enseñanzas que las otras pueden aprovechar, también lo es que en muchas culturas sobreviven prejuicios y conductas bárbaras, discriminatorias y hasta criminales que ninguna democracia puede admitir en su seno sin negarse a sí misma y retroceder en el largo camino de la civilización que lleva andado.

Francia, donde el tema del velo islámico es objeto de viejos e intensos debates, lo ha entendido así y ha dado un buen ejemplo al resto de los países democráticos prohibiendo por ley, desde 2004, “el uso de elementos ostentatorios de carácter religioso en las escuelas e institutos públicos del país”. Al principio, esta medida fue considerada por algunos supuestos “progresistas” reaccionaria y sustentada en un prejuicio contra los inmigrantes de origen musulmán. No lo era. Por el contrario, su razón profunda es dar las oportunidades a todos, extranjeras y nacionales, de cualquier raza, cultura o religión, de trabajar y vivir en Francia en un ambiente de legalidad y libertad que les permita seguir practicando todas sus creencias y costumbres que sean compatibles con las leyes vigentes. Y, desde luego, renunciando a las que no lo sean, como hicieron las iglesias cristianas en el pasado, cuando tuvieron que acomodarse a las sociedades abiertas.

Si se considera que la democracia ha significado un extraordinario avance sobre los regímenes despóticos y absolutistas de antaño, es difícil entender que ella pueda ser sólo válida para los demócratas y que los países democráticos, en nombre de la falacia de la equivalencia absoluta de las culturas, admitan en su seno enclaves antidemocráticos o prácticas reñidas con los principios básicos de la igualdad y la libertad. Quienes defienden el multiculturalismo y el comunitarismo tienen una idea estática y esencialista de las culturas que la historia desmiente. Ellas también evolucionan, de acuerdo con el avance de la ciencia y con los intercambios de ideas y conocimientos, que son cada vez más frecuentes en el mundo moderno y que, poco a poco, van transformando convicciones, prácticas, creencias, supersticiones, valores y prejuicios.

Un musulmán moderno de, digamos, el Líbano o El Cairo tiene muy poco que ver con los musulmanes fundamentalistas de Darfur, que arrasan aldeas y queman a familias enteras por ser paganas, y ponerlos dentro de la misma etiqueta cultural es tan absurdo como considerar idénticos, por ser cristianos, a los católicos generalmente tolerantes y democráticos de las sociedades abiertas de nuestros días con los inquisidores o los cruzados medievales que torturaban y asesinaban en nombre de la cruz.

Si los países democráticos quieren ayudar de algún modo a que la religión musulmana experimente el mismo proceso de secularización que ha permitido a la Iglesia Católica adaptarse a la cultura democrática, lo peor que podrían hacer es renunciar a logros tan importantes como el laicismo y la igualdad para no parecer etnocentristas y prejuiciosos. No hay etnocentrismo alguno, sino universalismo y pluralismo estrictos, en no hacer concesiones en la defensa de los derechos humanos y de la libertad.

El sistema francés me parece más claro y más eficaz que el adoptado por el Reino Unido, donde el Estado ha transferido a los colegios e institutos de enseñanza la decisión de autorizar o prohibir el uso del velo islámico en las aulas. Pero esta potestad sólo vale en lo que concierne a los estudiantes. En cambio, a las maestras les está prohibido dar clases veladas, según una decisión del Poder Judicial del año pasado, luego de que una profesora se presentara en el aula británica embutida en un niqab, especie de carpa vestuario que cubre el cuerpo femenino de pies a cabeza. ¿No es absurdo que se prohíba a las maestras lo que se permite a las alumnas, o viceversa?

Masonería y educación
Casi siempre que se pronuncian las palabras masonería y educación se tiende a pensar en la actuación de la masonería en el campo de la enseñanza, por medio de diversos tipos de instrumentos: centros docentes; presiones en la orientación de la política educativa; influencias de políticos con vínculos masónicos y con responsabilidades en la administración educativa. Sin restar importancia a tales aspectos centrados en la actuación de la masonería en el mundo externo a ella, quedarnos sólo en ellos sería conocer una parte de la realidad porque la educación puede y debe ser contemplada como una actividad interna de la masonería.
La masonería es, por definición, una sociedad iniciática y como tal, debe ser considerada como una escuela de formación de sus integrantes. Desde esa perspectiva educativa, el objetivo de la masonería no es inculcar a sus adeptos, un conjunto de conocimientos sino, fundamentalmente, principios filosóficos y un sistema de valores.

Según nos enseña la propia historia de la orden, el ideal de hombre que la masonería quiere formar debe estar en posesión de tres cualidades básicas. Ha de ser una persona ilustrada, moral y libre. Ilustrado para que pueda aportar con su estudio algo en la tarea de progreso que la masonería propugna. Moral para que distinguiendo el bien del mal, contribuya a la felicidad propia y de los que le rodean. Libre porque sin libertad no se puede ser responsable. Y sin responsabilidad no se puede afirmar la persona.

Otros sectores masónicos han dado un matiz especial a esta última cualidad, interpretando la libertad en el hombre, como la ausencia de presiones externas, fundamentalmente provinientes de la Iglesia Católica.

Para alcanzar esas metas la masonería dispone, prioritariamente, de los trabajos en las logias. Los masones integrados en una logia se reúnen en reuniones o tenidas. En esas asambleas los masones leen trabajos, confeccionados por ellos mismos, sobre la historia de la orden, ritualismo, posibles actuaciones en la vida profana, filosofía de la masonería, etc. Esos trabajos, llamados en el lenguaje masónico planchas, pueden ser encargados por el venerable maestro, presidente de la logia, o pueden presentarse a iniciativa de los hermanos, siempre que el venerable lo considere oportuno. El carácter formativo de las tenidas no debe ser pasado por alto. Uno de sus objetivos primordiales es proporcionar a los integrantes de la logia motivos de reflexión mediante esos trabajos.

El carácter formativo se vislumbra con claridad en otro punto clave de la organización interna de la masonería: los aumentos de salario. Esto es, el paso de los masones de un grado al superior. Los reglamentos de las obediencias masónicas especifican con detalle, algunos de un modo exhaustivo, esos procesos. Es regla común que para alcanzar el grado superior se debe permanecer un tiempo determinado en el inferior. El objetivo es que el aspirante aprenda y asimile los conocimientos suficientes para poder desempeñar correctamente las responsabilidades del grado superior.
También el masón aspirante a alcanzar el grado superior debe demostrar ante sus compañeros de logia sus avances en conocimientos masónicos. Para ello ha de presentar un trabajo sobre una temática ya preestablecida. De ese modo sus hermanos pueden comprobar si ha asimilado correctamente las enseñanzas de la orden y es acreedor del grado superior.

Aunque esta es la norma general, las excepciones no han sido infrecuentes. Hay casos de aumentos de grados sin respetar los plazos establecidos debido a intereses espúreos y a compromisos personales. Pero también se han localizado logias, en las cuales las exigencias para las ganancias de grados superaban, con creces, la normativa establecida en los reglamentos generales de la obediencia.

El actitud masónica hacia el progreso humano
La educación, a partir de consideraciones estrictamente pedagógicas está encaminada a la alfabetización y capacitación académica del hombre, pero si nos referimos a los condicionamientos filosóficos, religiosos, sociales y políticos inextrincablemente unidos a las consideraciones pedagógicas, nos llevan a concluir que la connotación moderna de la educación rebasa la concepción eminentemente popular de la misma para adentrarse en el campo de la ciencia; es decir, no basta con enseñar científicamente el objeto, sino que el análisis debe hacerse con el auxilio de un método científico que permita su verdadero conocimiento.
El empleo de este método científico en la educación es lo que va a marcar la necesidad de una educación laica, que enseñe sin dogmatismo. Este criterio de laicidad, así entendido, es el que caracteriza la educación que defendemos los masones, la que debemos predicar y practicar.
Precisamente, José Pedro Varela, educador uruguayo, sintetizó admirablemente este concepto cuando en su obra La educación del pueblo dice: “En lo filosófico no se trató más del espiritualismo metafísico de la conciencia romántica sino del evolucionismo laico de la conciencia positivista que marcó toda una etapa en la historia de la enseñanza laica.”
Y desarrolla, a partir de criterios como el transcrito, la tesis de que en lo socio-político no bastan el igualitarismo y democratismo, que eran base del ideal de la enseñanza gratuita y obligatoria que se da a finales del siglo XIX y comienzos del XX, sino que requiere de una posición realista, antropológica y sociológica que considere además el sentido y fin de la educación en relación con el entorno geopolítico y cultural, las circunstancias, necesidades y oportunidades del hombre. La educación así concebida fortalece el concepto de igualdad que debe darse en toda sociedad humana y que tan caro es al ideario masónico
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El hogar de la ideología, dios y el alma, nuestro cerebro

La corriente conservadora y tradicional de la Masonería liderada por la Gran Logia Unida de Inglaterra impone a sus miembros la creencia en un ser supremo y en la inmortalidad del alma, temas que por tradición no están sujetos a debate. Sin embargo, desde el Gran Oriente de Francia y la Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain rechazamos toda afirmación dogmática y trabajamos por lograr el mejoramiento material y moral, y el perfeccionamiento intelectual y social de la humanidad. Nuestra corriente es esencialmente filosófica y progresiva, tiene por objeto la búsqueda de la verdad, el estudio de la moral y la práctica de la solidaridad.

Haciendo honor a esta “búsqueda de la verdad” vengo investigando sobre el fenómeno de las neurociencias y sus investigaciones al cerebro humano. El tema es bien controversial pues vivimos una época en que lo esotérico y la creencia en fenómenos paranormales se encuentran en franco apogeo y coexisten con las más altas cotas de desarrollo científico y tecnológico de la historia de la humanidad.

De la misma manera, el progreso en las ciencias del cerebro en las últimas décadas ha sido enorme, siendo el paradigma incuestionable (por la abrumadora evidencia que lo apoya) el hecho de que la mente no es un ente inmaterial separado del cerebro, sino que es el mismo cerebro “en acción” (mente sería sinónimo de función cerebral). Pues bien, la religiosidad en sus diferentes versiones mantiene un espléndido estado de salud, si bien las religiones oficiales mayoritarias pierden terreno ante nuevos cultos “alternativos”. Algunos piensan que esto es debido a que ciencia y religión abordan aspectos diferentes de la realidad, o lo que es lo mismo, que la ciencia no puede dar respuestas a las preguntas esenciales de la vida.

Los autores de un trabajo publicado recientemente en la revista Nature Neuroscience aseguraban haber hallado diferencias en el funcionamiento de un cerebro liberal frente a otro conservador. En pocas palabras: el primero reacciona mejor ante los cambios, mientras que el segundo es más rígido.

Los investigadores hicieron electroencefalogramas a 43 hombres y mujeres diestros mientras reaccionaban ante un estímulo que solía repetirse, pero a veces cambiaba. Cuando ocurría esto último, en la gran mayoría de los sujetos que previamente se habían declarado liberales se detectaba una actividad más intensa en un área de la corteza cerebral relacionada con los conflictos, lo que sugiere “una mayor sensibilidad neurocognitiva” a los cambios, escriben David Amodio y su grupo en su artículo. Se ve, por tanto, la firma de la ideología en el cerebro.

“Esta investigación demuestra que se empieza a dilucidar cómo un producto abstracto, aparentemente inefable de la mente, como la ideología, tiene su reflejo en el cerebro humano”, dice Amodio. ¿Alguien se escandaliza por esta afirmación? ¿Alguien piensa que es absurdo que pueda verse algo así en un escáner cerebral? No los neurocientíficos, desde luego. Para ellos está clarísimo, y es perfectamente esperable, que cerebros que piensan distinto, que reaccionan distinto ante un mismo estímulo, funcionen de forma diferente; medir esa diferencia es sólo cosa de tener el instrumento adecuado.

“Todo, y todo es todo, está en el cerebro”, dice Alberto Ferrús, director del Instituto Cajal de Neurociencias del CSIC, en Madrid, según una nota publicada en El País. “La sensación de estar enamorado o enfadado, la religión… todo se traduce en moléculas, en algo físico que hay en el cerebro”.

En los años noventa, cuando aparecieron las primeras técnicas para estudiar el cerebro humano en vivo y en directo -en acción-, se supo que la corteza cerebral de muchos ciegos muestra diferencias apreciables respecto a la corteza de personas que ven; que el cerebro de los taxistas tiene más sitio para información espacial; o cómo actúa el cerebro de los ajedrecistas al jugar. ¿Qué hay de raro en dar un paso más y buscar la marca de la mentira o la espiritualidad? Nada de nada, dice Ferrús en la nota.

Pero volvamos al trabajo sobre los cerebros políticos. En él se hacen las siguientes analogías: pensamiento menos rígido equivale a ideología liberal; pensamiento menos rígido equivale a más actividad en áreas cerebrales implicadas en afrontar conflictos; y, por tanto, más actividad en áreas cerebrales implicadas en afrontar conflictos equivale a ideología liberal.

Puestos a analizar, dicen los expertos, el eslabón frágil del razonamiento no es que un estilo de pensamiento tenga su sustrato biológico, sino lo no absoluto del término liberal. En el trabajo de Nature Neuroscience la mayoría de los autodefinidos liberales votaron por John Kerry, y los conservadores por Bush. Y en un país musulmán, ¿quiénes tienen el cerebro flexible y quiénes rígido?.

Ahora bien, no hay que equivocarse: que haya un sustrato biológico no implica ni que ese hardware nos ha sido transmitido genéticamente, ni que es inmutable. “Nosotros no examinamos si la orientación política se hereda, si nos viene dada de nacimiento”, explica Amodio. “El cerebro es maleable, así que incluso si nacemos con un sistema neural más sensible a información conflictiva, es posible que este sistema neural cambie con el tiempo”. Y ¿es fácil de cambiar el hardware que nos viene de fábrica? En otras palabras, ¿Qué pesa más, lo heredado o el ambiente?

“Puede que esa no sea la manera correcta de formular la pregunta”, responde Amodio. “Los genes proporcionan unos mecanismos de base para la supervivencia. Pero lo bonito es que la expresión génica es muy sensible al ambiente”.

Otra posible pregunta sobre este trabajo es si los cambios sociales globales -el cambio de postura respecto a la homosexualidad, el divorcio o el trabajo femenino-, implican un cambio colectivo en el funcionamiento del cerebro. ¿Tenemos todos un cerebro más liberal? “Tal vez”, responde Amodio, para quien sin embargo la sociedad tiende ahora hacia un mayor conservadurismo -una prueba más de lo confuso de estos términos-. Pero “no está claro si estos cambios a gran escala tienen algo que ver con cambios heredables. Podrían estar más relacionados con la globalización y los cambios culturales”.

En cualquier caso, lo cierto es que a la luz de los tentáculos que está desarrollando la neurociencia la intimidad empieza a emerger -también- como un concepto de lo más borroso. Con lo que ello implica, como señala Carlos Belmonte, director del Instituto de Neurociencias de Alicante: “Los problemas éticos que plantea la capacidad de analizar la actividad del cerebro vinculada a conductas, o la capacidad de modular desde fuera esa actividad cerebral, de encender o apagar genes, la neuro-estimulación, son importantes”. Se podría llegar a descubrir cómo es el cerebro de un maltratador, por ejemplo, y entonces “¿Estaría bien tratarle para que no llegue a serlo? ¿Hasta dónde podemos llegar? Se van a plantear debates muy serios, y vamos a una velocidad espeluznante”, dice.

Las células del alma
La base del “alma” humana, o al menos nuestra conciencia del yo, no es más que el producto de una simple reacción bioquímica en el cerebro, según el doctor Francis Crick, uno de los descubridores de la doble hélice del ADN.

Este famoso investigador ha publicado un estudio en el que presenta una explicación científica de lo que tradicionalmente se conoce como “alma”, y atribuye la conciencia humana a un conjunto de neuronas del cerebro. Francis Crick asegura que él y su equipo de investigación han descubierto el grupo de células que generan la conciencia y el “sentido del yo”.

Su descubrimiento, que el plano de la vida y de la evolución se encuentra en una simple molécula, aún es considerado una amenaza contra la religión por ciertos grupos, como el de los creacionistas. De confirmarse, la nueva teoría de Crick representaría otro gran triunfo de la ciencia sobre la religión. La aparente incapacidad de la ciencia de explicar de dónde proviene el sentido del yo de los humanos ha sido interpretada por algunos líderes religiosos como una prueba de la existencia del alma eterna.

El estudio describe cómo distintas partes del cerebro se interrelacionan para producir la conciencia. “Por primera vez disponemos de un esquema coherente sobre las correlaciones neuronales de la conciencia en términos filosóficos, psicológicos y neuronales”, añade el informe.

“La conciencia en sí podría ser la expresión de sólo un reducido número de neuronas, en particular de las que se proyectan desde la parte posterior del córtex hasta el córtex frontal”.

Christof Koch, profesor de neurociencia en el California Institute of Technology y coautor del último informe de Crick, declaró lo siguiente: “Está claro que la conciencia surge de procesos bioquímicos dentro del cerebro”. Colin Blakemore, profesor de neurociencia de la Universidad de Oxford, apoya la teoría de Crick de que la conciencia surge de reacciones bioquímicas. “La ciencia y la religión están en conflicto porque ambas intentan explicar el mundo físico, pero la mayor parte de las religiones sugieren que la vida es parte de un grandioso proyecto del que no hay pruebas. La religión es una hipótesis que no puede ponerse a prueba», opina este investigador”.

¿La ciencia contra la religión?
En los debates sobre la existencia de dios que uno puede mantener con un creyente o incluso con un agnóstico siempre termina surgiendo esa frase hecha de que “la ciencia no puede demostrar la no existencia de dios”.

En los últimos años varios científicos o filósofos de la ciencia del mundo anglosajón se han levantado en armas contra esa afirmación y han aparecido varios libros mostrando pruebas acerca de la improbabilidad de la existencia de dios.

El último exponente de este movimiento es sin duda Richard Dawkins y su The God Delusión que acaba de ser traducido y editado al castellano con el “políticamente correcto” título de El Espejismo de Dios, segú indica una nota del blog Las pirámides del cerebro. Posiblemente este es el motivo de que la revista Muy Interesante haya dedicado la portada de su número de abril 2007 a este tema con el titular “Ciencia contra religión, ¿Son incompatibles?”

El artículo más extenso dedicado a este tema es el titulado “Dawkins contra Collins, dos formas de entender la relación entre la fe y la ciencia.” Francis Collins, responsable del proyecto Genoma Humano, es un ferviente creyente cristiano que publicó el libro The Language of Goden el que intenta contrarrestar la ofensiva de los científicos ateos. El artículo está basado en un debate publicado en la revista Time entre Dawkins y Collins el año pasado en noviembre y que también mereció la portada de la revista con el menos afortunado titular “God vs Science”. El debate ha sido comentado en Numenware (TIME magazine on Science vs. God ) y en eSkeptic (traducido en Delenda est Carthago) pero merece la pena leerlo porque Collins revela sus argumentos fundamentales dejando clara la debilidad de su posición.

¿Sobrevivimos a la muerte?
Esta pregunta se hizo también Bertrand Russell y lo respondió en un artículo publicado por primera vez en 1936, en un libro titulado Los misterios de la vida y de la muerte; sin embargo en la actualidad forma parte de su libro Porque no soy cristiano (edhasa, 2007) donde afirma que “antes de que podamos discutir provechosamente si continuamos existiendo después de la muerte, conviene aclarar en qué sentido un hombre es la misma persona que fue ayer. Los filósofos solían pensar que había substancias definidas, el alma y el cuerpo, cada una de las cuales duraba un día para otro; que el alma, una vez creada, continuaba existiendo por siempre, mientras que el cuerpo cesaba temporalmente desde la muerte hasta su propia resurrección”.

Russell aseguraba que nuestros recuerdos y hábitos están unidos a la estructura del cerebro del mismo modo que un ría está unido a la estructura de su cause. El agua del río cambia siempre, pero sigue el mismo curso porque las lluvias anteriores han abierto un canal. Igualmente los acontecimientos anteriores han abierto un canal en el cerebro y nuestros pensamientos corren a lo largo de dicho canal. Esta es la causa de los recuerdos y de los hábitos mentales. Pero el cerebro, como estructura, se disuelve con la muerte, y por lo tanto es de esperar que la memoria se disuelva también. No hay más razón para pensar lo contrario que el esperar que un río siga su mismo curso después de que un terremoto haya levantado una montaña donde solía haber un valle.

A la vista de estos hechos tan familiares, parece poco probable que la mente sobreviva a la destrucción total de la estructura cerebral que supone la muerte. No son los argumentos racionales sino las emociones las que hacen creer en la vida futura, asegura Bertrand.

La más importante de esas emociones es el miedo a la muerte, útil instintiva y biológicamente. La naturaleza es indiferente a nuestros valores y sólo puede ser entendida olvidando algunos conceptos del bien y mal. El universo puede tener una finalidad, pero nada de lo que nosotros sabemos sugiere que, de ser así, ese propósito tenga alguna semejanza con los nuestros. Nuestros sentimientos y creencias sobre el bien y el mal son, como todo lo demás que hay en torno a nosotros, hechos naturales desarrollados en la lucha por la existencia y que no tienen ningún origen divino ni sobrenatural.

En conclusión, la mayoría de la gente cree en dios porque le han enseñado a creer desde su infancia, y ésa es la razón principal. La razón más poderosa e inmediata después de ésta es el deseo de seguridad, la sensación de que hay un gran hermano que cuidará de uno.

Posted by libertad43 in 08:38:47 | Permalink | No Comments »

El librepensamiento frente a las religiones

El fin de semana pasado tuvimos una iniciación con mis hermanos y hermanas de la Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain – El Derecho Humano radicado en Paraguay, razón por la cual me fue imposible escribir para el blog. Justamente el jueves 20 se celebró el Día de la Libertad de Pensamiento que surge en conmemoración el Día de la Unidad Italiana.

Ese día se recuerda un acontecimiento histórico: la entrada triunfal en Roma, en 1870, de las fuerzas patrióticas de Víctor Manuel II, Cavour y Garibaldi, que buscaban la unidad italiana. Roma fue el último baluarte de la reacción vaticana aliada al imperio francés de Napoleón III. Su caída fue en buena parte obra de los “Camisas Rojas” del general José Garibaldi, que había luchado primero con las fuerzas republicanas contra el imperio en Brasil, y luego en Uruguay, al costado de las fuerzas liberales que defendían la ciudad de Montevideo, en el sitio que se le había impuesto entre 1843 y 1851, durante la llamada Guerra Grande. Por ello, el 20 de Setiembre se considera el Día de la Unidad Italiana. Para los librepensadores y humanistas del universo, es símbolo de libertad, y se lo conoce como el Día de la Libertad de Pensamiento.

El término nos remonta a los movimientos filosóficos del siglo XVII y XVIII y más concretamente al período de la Ilustración. Durante el “Siglo de las Luces”, numerosos pensadores vieron en la razón el elemento esencial del progreso humano. De su mano se podían destruir ancestrales creencias inmovilizadoras y bajo su luz los hombres podían adentrarse en el estudio de la naturaleza y sus mecanismos, llegando a explicaciones lógicas de cuanto acontecía en el entorno.

Todo cambio produce, inevitablemente alguna rotura y las profundas modificaciones iniciadas en la Ilustración no fueron la excepción. Se inició la ruptura del sistema de pensamiento absoluto, inerte, en el cual la Iglesia, ostentaba el patrimonio del saber. La propia Iglesia, sus actuaciones pasadas y presentes, sus instituciones y sus hombres comenzaron a ser discutidos. La sacra envoltura que rodeaba a todo lo eclesial comenzó a rasgarse y los hombres de la Ilustración incluyeron a la Iglesia en su campo de reflexión. Ello dio origen a enfrentamientos con los librepensadores que marcaron de modo indeleble el posterior desarrollo del librepensamiento.

En las últimas décadas del siglo XIX, tras los procesos revolucionarios de principio de siglo, nos encontramos con un movimiento librepensador, con implantación en numerosos países, pugnando por estructurarse en ligas y federaciones. Sus integrantes se sitúan fuera, y en numerosas ocasiones, en contra de la religión. Propugnan un modelo nuevo, moderno en su propia terminología, de pensamiento y de organización social, con la razón y la ciencia por norte. Para ellos, la moral no debe sustentarse en creencias religiosas. Lógicamente, en cuanto los librepensadores intentaban llevar a la práctica sus ideas o propagarlas, chocaban con las instituciones involucionistas. La Iglesia Católica entre otras. Tal situación llevó a una dinámica de enfrentamientos y descalificaciones.

Los librepensadores aplican la razón, la experiencia, la observación y la prueba, como únicos medios dignos de crédito para la determinación de la verdad. La verdad es el grado con que una afirmación corresponde a la realidad. La realidad está limitada a lo que uno puede percibir directamente a través de los sentidos o indirectamente a través del uso adecuado de la razón. Así, la razón es una herramienta del pensamiento crítico que limita la verdad de una afirmación de acuerdo a las pruebas estrictas del método científico; entonces para que una afirmación pueda considerarse como cierta debe ser comprobable.

Desde el librepensamiento se rechaza toda autoridad que se oponga a la razón, ya sea aquélla de un hombre, la de un libro o la de una organización basada en la revelación, los milagros o la tradición. Un librepensador no puede reconocer como definitivo ningún sistema o doctrina. Tampoco debe limitarse a negar simplemente todo lo que no resiste al toque de la razón, sino que debe extender el conocimiento humano a la luz de sus principios. Para que sea fructífero, el librepensamiento debe aplicarse no solamente a alumbrar la humanidad, sino a resolver los problemas sociales teniendo presente la necesidad suprema de lograr para todos, sin distinción de sexo, de raza o de nacionalidad, una igualdad completa en el ejercicio de sus derechos y en el cumplimiento de sus deberes.

Los librepensadores están convencidos de que las aseveraciones religiosas no resisten la prueba de la razón. No es solamente que no se gane nada creyendo algo que no es cierto, sino que también se tiene todo que perder cuando se sacrifica la herramienta indispensable de la razón en el altar de la superstición. Usan la palabra religión para denominar a los sistemas de creencias que incluyen un dominio sobrenatural, una deidad, fe en escrituras sagradas y conformidad con un credo absoluto. Muchos librepensadores consideran a la religión no solamente como falsa, sino también como justificación histórica de guerras, esclavitud, sexismo, racismo, fobia a los homosexuales, mutilaciones, intolerancia y opresión a las minorías. El totalitarismo de los absolutos religiosos ahoga el progreso, sostienen.

La religión como materia obligatoria
En el mundo posterior al 11 de setiembre de 2001, la religión ha salido de lo privado para estar presente en el espacio político más que nunca. El retorno de lo religioso exige fortalecer un librepensamiento sólido, fundamentado y rescatarlo del silencio sistemático en que la ha sumido la historiografía.

Daniel Clement Dennett (Boston, 1942) es uno de los filósofos de la ciencia más destacados en el ámbito de las ciencias cognitivas, especialmente en el estudio de la inteligencia artificial y de la memética. También son significativas sus aportaciones acerca de la significación actual del darwinismo. Dirige el Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts, donde es catedrático de filosofía. Desde 1987 es miembro de la American Academy of Arts and Sciences y la semana pasada planteó, en una nota para la revista de cultura del diario argentino La Nación, la educación obligatoria sobre las religiones del mundo en todas las escuelas estadounidenses, públicas y privadas, y en la educación a domicilio. Hasta el momento no tengo una postura clara sobre la propuesta que lo expone en su libro Romper el hechizo:

“Tal vez sea posible confiar en la gente de cualquier parte y, por lo tanto, permitirle que haga sus propias elecciones bien fundadas. ¡Elecciones bien fundadas! ¡Qué idea sorprendente y revolucionaria! Tal vez se pueda confiar en las elecciones de las personas, no necesariamente en las elecciones que nosotros les recomendemos, sino en las que tienen mayor probabilidad de satisfacer los objetivos que ellos se han planteado. Pero, ¿qué les enseñamos hasta que adquieran suficiente información y madurez como para poder elegir por sí mismos? Les enseñamos todo sobre las religiones del mundo, de manera práctica, bien informada en los aspectos históricos y biológicos, de la misma manera que les enseñamos biografía, historia y aritmética. Tengamos más educación sobre religiones en nuestras escuelas, no menos. Deberíamos enseñarles a nuestros hijos credos y costumbres, prohibiciones y rituales, los textos y la música, y cuando nos dediquemos a la historia de la religión, deberíamos incluir tanto lo positivo como lo negativo (la Inquisición, el antisemitismo a lo largo de los siglos, el papel de la iglesia católica en la proliferación del sida en Asia por medio de su oposición a los preservativos). Y a medida que descubrimos más y más cosas sobre las bases biológicas y psicológicas de las prácticas y costumbres religiosas, deberíamos agregar esos conocimientos a los programas, del mismo modo en que actualizamos nuestros conocimientos en los campos de la ciencia, la salud y los acontecimientos de actualidad. Todo esto debería formar parte del programa obligatorio de las escuelas públicas, las privadas y la educación a domicilio.

“(…) Es solo una idea y tal vez haya otras mejores para tener en cuenta, pero esta seguramente resultará atractiva para los amantes de la libertad en todas partes: la idea de que los devotos de todos los credos deberían enfrentar el desafío que implica asegurarse de que su credo sea suficientemente digno, atractivo, plausible y significativo como para resistir las tentaciones de sus competidores. Si uno tiene que engañar a sus hijos o vendarles los ojos para asegurarse de que confirmarán su fe cuando sean adultos, esa fe debería desaparecer”.

Dennett ha comentado en varios lugares que su proyecto filosófico global ha seguido siendo en gran medida el mismo desde sus tiempos en Oxford. Busca sobre todo proporcionar una filosofía de la mente arraigada en la investigación empírica y útil para ésta. En su disertación Content and Consciousness (Contenido y Consciencia), dividió el problema de explicar la mente en la necesidad de una teoría del contenido y una de la conciencia. Su aproximación a este proyecto también ha permanecido fiel a esta distinción. De la misma manera que el contenido y la conciencia tienen una estructura bipartida, los brainstorms pueden ser divididos igualmente en dos secciones. Posteriormente agrupará varios ensayos sobre contenido en The Intentional Stance y sintetizará sus investigaciones sobre la conciencia humana en una teoría unificada en el libro La conciencia explicada. Estos dos volúmenes desarrollan su visión multidisciplinar sobre la conciencia, basada en el método científico y en datos procedentes de la psicología, la neurociencia, la filosofía y la inteligencia artificial. La conciencia explicada tuvo gran difusión para tratarse de una obra científica y causó profundo impacto incluso en lectores no especializados, pues refutaba de forma muy convincente la visión tradicional y puramente intuitiva sobre la conciencia.

El camino masónico
Considero que es necesario promover una laicidad poscristiana, militante y radicalmente opuesta a cualquier elección o toma de posición entre el judeocristianismo occidental y el Islam que lo combate. Ni la Biblia ni el Corán. Entre los rabinos, sacerdotes, imanes y ayatolaes y otros mulás, insisto en anteponer al filósofo, pues él sabe que sólo existe un mundo y que toda promoción de los mundos subyacentes lleva a la pérdida del uso y beneficio del único que hay.

Justamente para concentrar nuestras actividades y lograr la armonía y felicidad aquí en la tierra concluyo en mi libro Los hijos de la luz, que se lanzará el 7 de noviembre, que no debe surguir un combate entre librepensmiento y dogma, sino que debemos concentrarnos en demostrar que el dogma ata al ser humano y lo imposibilita a realizar su principal meta aquí en la tierra: La búsqueda de su propia felicidad.

Particularmente considero que la Masonería es una opción para la formación humana que hoy el mundo necesita, un mundo conectado y muy relacionado, donde justamente la falta de tolerancia y formación sobre las ideas religiosas fomenta el odio. Ella, la Masonería, procura inculcar en sus adeptos el amor a la verdad, el estudio de la moral universal, de las ciencias y de las artes. Tiende a extinguir los odios de raza, los antagonismos de nacionalidad, de opiniones, de creencias e intereses, uniendo a todos los hombres en bien de la humanidad. Impulsa a sus miembros a transformarse en elementos útiles para la sociedad.

Enseña mediante sus grados y ritos, que no son de un siglo, tampoco se establecieron de una vez para siempre, sino que fueron apareciendo en épocas diferentes como pensamientos e ideas que gradualmente se desarrollaron y se unieron por una atracción natural y progresista de la civilización. Claro que la Masonería consiste en algo más que conferir grados, en la exacta repetición de las lecturas de cada grado, y en el familiar conocimiento de las fórmulas y palabras que se usan en la apertura y en la clausura de sus trabajos.

La misión principal de la masonería es enseñar la ley de evolución y del progreso, el hombre hacia la perfección. No es posible hallar una verdadera interpretación de la Masonería sino se relaciona su sistema, estrechamente con el proceso evolutivo de la humanidad. Todo en ella gira en torno de un progreso gradual de la oscuridad a la luz y todo lo que la luz trae aparejado.

La finalidad de sus grados consiste en presentar al masón objetivos de evolución en vida, no para el mundo de las ideas sino para concretarlos en la tierra por lo cual debe esforzarse a implementar. El camino evolutivo, en el cual se funda la Masonería, es, desde todo punto de vista, práctico y útil. Significa, para el que recorre un progreso en capacidad mental, conocimientos, visión, sabiduría y fuerza espiritual que lo comprometen a volcarlos en bien de la humanidad.

La Masonería ofrece ayuda y guía para que nos volvamos cada día más conscientes de que nada puede detener el impulso que motiva el progreso humano en su peregrinaje de la oscuridad a la luz, de la irrealidad a la realidad, y de lo perecedero a lo imperecedero. Es un despropósito ser masón y no preocuparse por estos temas, que son individuales y a la vez colectivos.

Procura demostrarnos, en fin, que seremos esclavos de nosotros mismos y susceptibles a circunstancias limitadoras sólo hasta que tomemos conciencia del que el hombre es un fin en sí mismo, no el medio para los fines de otros y que la búsqueda del propio interés racional y de nuestra felicidad es el más alto propósito en la vida.

La posesión de antiguos secretos que excitan la curiosidad de los hombres y atraen de una manera irresistible a sus templos, no le bastaría para afianzar perpetuidad y vitalidad perenne. La Masonería se desarrolla en los siglos porque sus fines son más nobles y elevados que la simple conmemoración de sus misterios secretos, porque requiere que ellos se conviertan en norma de vida de sus adeptos y que estas normas se cumplan a cabalidad, de lo contrario ¿para qué sostener algo que no se practica?

En fin, la Masonería es una institución universal, esencialmente ética, filosófica, iniciática y progresista. Ella tiene por principio la libertad absoluta de conciencia y la fraternidad humana. Constituye el centro de unión para los hombres de espíritu libre de todas las nacionalidades y credos. Como institución docente formativa tiene por objeto el perfeccionamiento del hombre y de la humanidad. Promueve entre sus adeptos la búsqueda incesante de la verdad, el conocimiento de sí mismo y del hombre en el medio en que vive y convive, promueve el estudio de la moral universal, de las ciencias, y las artes para alcanzar la fraternidad universal del género humano.

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